Etiqueta: Relaciones humanas

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Despedidas y bienvenidas

Otra vez voy a hablar de mí, pero les prometo que será la última (al menos en un buen tiempo). No lo pude evitar, porque se trata de una historia que deseo profundamente compartir.

Mi despedida de México, como suelen ser todas las despedidas, no fue sencilla. Uno se confía pensando que ya lo tiene todo listo: carta de aceptación de la universidad, visa, boleto de avión, un lugar a donde llegar y ya está. “Solo me queda dejar mi departamento, hacer la maleta y armar una que otra reunión para decir hasta luego”, decía con cierta tranquilidad. Qué equivocada estaba.

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En busca de Nowhereland

Sabía que en cuanto pusiera un pie afuera, mi vida cambiaría radicalmente: me volvería una viajera errante, un alma itinerante, sin un aquí ni un allá, en busca de un nuevo hogar al que me gustó bautizar como Nowhereland. Miré todo lo que había en mi recámara y con eso me bastó, ya no vi más allá, pues nada fuera de ella me pertenecía. Me tardé seis meses en conseguir los muebles que quería. Nada ostentoso, más bien lo básico: una cama, un buró, una cómoda, un librero, una televisión, un aparato de sonido y un reproductor de DVDs. ¡Bendito Muebles Dico y su dicoeconomía! Eso era todo lo que tenía y lo que consideraba indispensable para poder construir mi refugio. Algo de ropa, unos cuantos zapatos y muchos libros y películas de colección.

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Nos vamos a divorciar

Tomar una decisión de tal trascendencia siempre tiene una complejidad ciertamente abrumadora, pero una vez que lo hacemos, si tenemos hijos, comunicárselos es el siguiente paso. Pero antes quitémonos varias telarañas de la cabeza: decirle a los hijos que sus padres se van a divorciar debe hacerse con la mayor franqueza y honestidad posibles, olvídate de quienes te dicen que los vas a lastimar o, peor aún, que les vas a generar algún trauma, porque no necesariamente debe ser así.

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Viaje de regreso

“Busca ayuda. Ve al sicólogo”, es lo que muchos amigos o familiares recomiendan, cuando te ven mal; pero, ¿porqué no recomendar lo mismo cuando te ven bien?

Obvio: porque si estás bien, no lo necesitas. Creo que esta creencia es un tanto equivocada, y va más en línea con la vieja idea de que a los sicólogos o siquiátras solo van los enfermos y locos, los deprimidos o los sicópatas. Nada más equivocado que esto.