Etiqueta: Autoconfianza

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En busca de Nowhereland

Sabía que en cuanto pusiera un pie afuera, mi vida cambiaría radicalmente: me volvería una viajera errante, un alma itinerante, sin un aquí ni un allá, en busca de un nuevo hogar al que me gustó bautizar como Nowhereland. Miré todo lo que había en mi recámara y con eso me bastó, ya no vi más allá, pues nada fuera de ella me pertenecía. Me tardé seis meses en conseguir los muebles que quería. Nada ostentoso, más bien lo básico: una cama, un buró, una cómoda, un librero, una televisión, un aparato de sonido y un reproductor de DVDs. ¡Bendito Muebles Dico y su dicoeconomía! Eso era todo lo que tenía y lo que consideraba indispensable para poder construir mi refugio. Algo de ropa, unos cuantos zapatos y muchos libros y películas de colección.

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Filosofía de vida

Nunca he sido partidaria de los libros de autoayuda estilo Sanborns, ni mucho menos me podría imaginar participando en un grupo como el club de los optimistas, y miren que tengo una madre que poco le falta para darle los buenos días al señor sol (tan linda ella). Pero no, de plano esa “filosofía sanbórnica”, como atinadamente le llamó un excelente profesor hindú que tuve, sencillamente no es para mí, ni tampoco creo en ella, ni mucho menos la pongo en práctica.

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Kilos que matan

Kilos mortales es el título de una serie de Discovery Channel, cuyo nombre creo que lo dice todo: comer demás puede acabar con la vida de cualquiera. Siete mujeres y hombres que sufren de obesidad mórbida se someten a la operación de bypass gástrico, y se les pide que graben su proceso de pérdida de peso durante siete años para después transmitir su historia y observar el resultado.

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Dale un giro a tu carrera

Estudiar un posgrado para algunos más que un deseo se ha convertido en una exigencia del sector en el que se desenvuelven. Pero la decisión ya no es como cuando uno tenía 18 años y tenía que elegir qué estudiar, pues el escenario y los retos son diferentes. Cuando uno ya cuenta con una trayectoria laboral, las responsabilidades cambian. Incluso, nuestra vida personal ya no es la misma, porque quizá ahora tenemos familia o personas que dependen de nosotros –como pueden ser los propios padres– o simplemente hemos asumido otro tipo de compromisos: la compra o renta de una casa, de un coche o algún crédito personal (tarjeta de crédito), entre otros.

Como toda decisión importante en la vida, uno debe tomarse una pausa para reflexionar varios aspectos. La primera pregunta que debemos respondernos es por qué hacer un posgrado. Muchas personas lo hacen buscando un cambio de carrera, otras porque están persiguiendo un ascenso y unas tantas más por el mero placer de regresar a la academia.

El motivo importa porque te puede dar las primeras pistas para ir cerrando el abanico de opciones. Por ejemplo, si tener una maestría es una condición para que te asciendan en tu trabajo (situación que en las instituciones financieras suele darse con frecuencia), quizá la opción de irte al extranjero queda descartada, pero por otro lado es probable que la propia compañía te ayude a solventar el gasto.

Ahora bien, si lo que buscas es darle un giro a tu carrera, pensar en otro país puede ser más factible. Claro, eso si no tienes familia, porque justamente el entorno es otra de las variables que debes tomar en cuenta. ¿Tienes hijos? ¿Cómo les afectaría si tu regresas a estudiar? ¿Tu sueldo te alcanza para solventar el gasto de la matrícula? Las respuestas serán otros parámetros que te servirán para hacer la elección de tu programa.

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Viaje de regreso

“Busca ayuda. Ve al sicólogo”, es lo que muchos amigos o familiares recomiendan, cuando te ven mal; pero, ¿porqué no recomendar lo mismo cuando te ven bien?

Obvio: porque si estás bien, no lo necesitas. Creo que esta creencia es un tanto equivocada, y va más en línea con la vieja idea de que a los sicólogos o siquiátras solo van los enfermos y locos, los deprimidos o los sicópatas. Nada más equivocado que esto.

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Ante el duelo, vuelve a ser niño

Perder al ser amado, por la razón que sea, es doloroso. Se trata de una etapa de duelo que debe trabajarse para superarla. Algunos les llevará más tiempo que a otros. Como dice el psicólogo experto en terapias de duelo, Miguel Ángel Quemain, “el duelo puede llegar a durar toda la vida, pero la pena es la que se supera”.

A las personas que vuelven a la soltería, ya sea por un divorcio o la viudez, los esquemas de vida le cambian y debe comenzar a reinventarse nuevo. El sentimiento de tristeza permanente, mejor conocido como depresión puede hacerse presente y, de no atenderse, puede traer consecuencias mayores. “Las personas que viven un duelo sentimental ven el mural de su vida incompleto –explica Quemain– y buscarán llenar el hueco de alguna manera”.

Hombres y mujeres suelen enfrentar la situación de diferentes maneras. De acuerdo con el especialista, las mujeres suelen buscar alivio y compañía en otras mujeres, pues es con las amigas o vecinas con quienes se vuelven a sentir seguras. Los hombres, en cambio, es más común que busquen alivio con otra mujer que los cuide y los ayude a olvidar, insertándose de nuevo en la sociedad.

Como sea, solo el tiempo es el que se vuelve un aliado y aunque sentirse derrotado puede ser normal, no debemos dejar que predomine. Lo mejor es armar un plan de recuperación.

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¿Y tú, para cuándo?

Soltero: primero, adjetivo para indicar a aquel que no está casado; segundo, adjetivo para referirse a algo (o alguien) que está suelto o libre. Ojalá fuera así de sencillo explicarle a los demás el estado civil que hemos elegido, con simplemente agarrar el diccionario y leerles a nuestros cercanos la definición –que, por cierto, si me lo preguntan, prefiero la segunda que la primera. Lamentablemente, definir algo en la vida nunca resulta fácil y aunque, en muchas ocasiones, nosotros lo tenemos perfectamente claro, para los demás ser soltero por elección propia resulta algo inconcebible.

Por todos lados nos invaden con preguntas o premisas que constantemente debemos responder –o al menos eso esperan de nosotros. Cumplir con las expectativas de los demás se vuelve una misión imposible y los prejuicios se ponen a la orden del día. Pero no nos agobiemos, justamente estar seguros de lo que deseamos para nosotros mismos es lo que nos dará las armas para responder a esas situaciones incómodas y salir bien librados de ellas.

Dicen que las conversaciones inteligentes son como los partidos de tenis: uno lanza una bola y si la respuesta del otro es aguda, nos obligará a pensar y mejorar nuestro próximo saque. Así que a partir de este momento imaginemos situaciones en las que podríamos vernos inmersos y veamos cómo podemos salir bien librados de ellas.

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Pánico escénico a la hoja en blanco

Abrir un blog nunca resulta fácil, porque es pasar por el mismo proceso creativo del escritor frente a la hoja en blanco, el actor en la función de estreno o el científico probando su teoría. El temor al fracaso, a la burla o al ridículo siempre está presente, pero es quizá ahí donde está el meollo de todo: en el miedo a equivocarse.