Autor: alitaparavolar

Contadora de historias y coleccionista de sonrisas.
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Una vez más, niña mala

Hard Candy es un término utilizado principalmente en Estados Unidos, “por los usuarios de redes sociales y ciertos portales de internet que manejan contenidos gore, de violencia, pornografía y muerte, que se refiere a un ‘caramelo duro’, algo que de momento es dulce, pero que será muy difícil de ‘masticar’. También usado para definir a una usuaria menor de edad”, dice Lucero Lozano en el Excélsior. El tema es fuerte: la pedofilia.

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En busca de Nowhereland

Sabía que en cuanto pusiera un pie afuera, mi vida cambiaría radicalmente: me volvería una viajera errante, un alma itinerante, sin un aquí ni un allá, en busca de un nuevo hogar al que me gustó bautizar como Nowhereland. Miré todo lo que había en mi recámara y con eso me bastó, ya no vi más allá, pues nada fuera de ella me pertenecía. Me tardé seis meses en conseguir los muebles que quería. Nada ostentoso, más bien lo básico: una cama, un buró, una cómoda, un librero, una televisión, un aparato de sonido y un reproductor de DVDs. ¡Bendito Muebles Dico y su dicoeconomía! Eso era todo lo que tenía y lo que consideraba indispensable para poder construir mi refugio. Algo de ropa, unos cuantos zapatos y muchos libros y películas de colección.

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No toda la TV es mala

Nunca lo he negado: yo fui una niña Televisa. Y no lo digo con orgullo, sino todo lo contrario. Es parte de ese pasado oscuro que muchos guardamos. Mi madre, como muchas, trabajó toda su vida y varias veces tuvo que recurrir a mi abuela para que nos cuidara y ella a su vez, recurría a la televisión. Recuerdo haber pasado tardes enteras viendo las novelas del momento, hasta que se me hizo una mala costumbre. Afortunadamente, en mi adolescencia comenzaron a ponerse de moda algunas series de televisión estadounidenses, y mi vicio mejoró un poco. No fue sino hasta que entré a la universidad que todo cambió. Además de que disponía de mucho menos tiempo libre, el que tenía lo ocupaba para cosas más productivas o simplemente me volví exigente al momento de seleccionar qué ver en la televisión. Por fortuna, para ese entonces ya existía la TV de paga y mi oferta de programación era más amplia.