De continuar transitando, de eso se trata

Como saben, soy una amante del séptimo arte y puedo vivir viendo películas todo el tiempo. El cine es mi mejor refugio, mi mejor compañero y la musa que en la mayoría de las ocasiones me inspira a escribir, porque me hace reflexionar, sentir y pensar.

Siempre he creído que las películas, como los libros, nos llegan en el momento en el que nos deben llegar. Es decir, cada película tiene su tiempo y llega a nosotros por una razón. Sí, quizá es una idea un tanto romántica y absurda, pero estoy convencida de ella.

Así me pasó un fin de semana en el que decidí alejarme de todo y pasar un tiempo solo conmigo misma. Por mucha tentación que tuviera de evadir mi realidad con el ruido del exterior, decidí guardar silencio y estar únicamente acompañada de mis pensamientos.

Metal y hueso

Justamente en un momento así llegaron a mis manos dos películas –Metal y hueso, y Comer, Rezar, Amar– que en definitiva movieron algo profundo en mí, una sola idea: la vida se trata de transitar.

En otras ocasiones, ya he compartido con ustedes un proceso de cambio de raíz al que me he sometido, derivado de una desilusión amorosa; sí, pero también de una necesidad de crecer, de combatir ciertas frustraciones laborales y de dejar de sentir miedo para abrazar la incertidumbre.

Más adelante ya les platicaré más al respecto, mientras hablemos un poco de las dos películas que mencioné.

Metal y hueso

Esta película del 2012 y exhibida en nuestro país durante el 16° Tour de Cine Francés es un golpe de ganas de salir adelante. Es tremendamente expresiva y emotiva, pero sobre todo valiente. La dirige Jacques Audiard y la protagoniza la hermosa Marion Cotillard.

Marion Cotillard

Habla de la tragedia de dos personas que por azares del destino se conocen y logran encontrar una en la otra aquella compañía que les hace falta. Es una historia que nos recuerda que la vida no es fácil, pero –como decía mi abuela– tenemos dos opciones: padecerla o hacer algo por mejorarla. La primera siempre resulta más fácil que la segunda, pero una vez que los personajes logran superar el duelo y la desidia, una vez que se cansan de solo “pasarla” y de vivir al límite del precipicio, es cuando se vuelven a levantar para seguir caminando.

Las actuaciones de Marion y de su compañero de escena, Matthias Schoenaerts, son impecables. Sus rostros dicen lo que las palabras no alcanzan a transmitir. La estética de la película en tonos sepia nos envuelven en el ambiente que rodea a los personajes, de soledad y de temor. Sin embargo, al final nos deja con un buen sabor de boca, pensando en que al final está en nosotros decidir cómo seguir viviendo y con quién.

Comer, rezar, amar

Me resistí mucho a ver este film porque proviene de un tipo de literatura de la cual no suelo ser muy afecta. Además, las críticas que leí no lograron captar lo suficiente mi atención. Al final y tras varias recomendaciones seguidas que recibí por mera casualidad (o no tanto), me decidí a rentarla. Quizá porque probablemente pronto esté por vivir una experiencia un tanto similar a la de la protagonista: Liz Gilbert.

Julia Roberts

No tengo mucho que decir de la película, pues está hecha como un buen chick flick. Los escenarios donde se lleva a cabo son increíbles y sin duda nos dejan con muchas ganas de viajar. El reparto es decoroso: Julia Roberts, James Franco, Javier Bardem y Viola Davis, entre otros.

Sin embargo, aunque no he leído el libro, creo que la historia es más de lo que esperaba, pues plantea el vacío profundo en el que a veces caemos sin darnos cuenta. No sé qué tan común sea, pero puedo entender el sentimiento de frustración que nos invade cuando uno pierde el rumbo de su vida.

A veces podemos tenerlo todo y sentir que en lo más profundo no tenemos nada. Nos vemos al espejo y no nos reconocemos. No sabemos quiénes somos y difícilmente podemos saber lo que queremos de los demás. Enamorarse de la vida se vuelve una necesidad impostergable y muchas veces es un viaje de introspección que precisamos hacer solos.

Comer, rezar, amar

Liz Gilbert tiene la posibilidad de viajar para comer en Roma, rezar en la India y amar en Bali. Quizá muchos de nosotros no tengamos los recursos para hacerlo de esa manera, pero en definitiva es una invitación a hacerlo de la forma en la que nos sea posible. Encontrarnos con nosotros mismos, lograr ese ansiado equilibrio emocional e intelectual es lo que nos puede permitir volver a arriesgarnos y volver a amar.

Perdonarnos a nosotros mismos para luego perdonar a los demás, dejar los temores a un lado y volver a tener fe, son algunas semillas que nos deja sembradas la película, y probablemente el libro. Así que no me arrepiento de haberla visto, pues –como lo dije al principio– me llegó en el lugar y en el momento justo.

Un poco más…

Como ya es mi costumbre, les dejo algunos links donde pueden encontrar crítica, reseña y ficha técnica de las películas que aquí sugiero.

*Por cierto, aunque fueron varias las personas que me recomendaron estas películas, agradezco y dedico esta entrada a mi actual jefe y excelente colega, Edgar Apanco, quien como yo es un amante del cine y las series de televisión. Por eso, desde que tengo el placer de trabajar con él no solo sigo sus instrucciones en la oficina, sino que además le hago caso al pie de la letra a cada una de sus recomendaciones para ver y leer, pues en esta ocasión –como otras– fueron todo un acierto.