¡Oh, París!

Woody Allen es de los cineastas que uno odia o ama. En mi caso aplica la segunda, pues lo considero un genio para contar historias de una manera única. Aunque no todas sus películas me encantan, admito que Medianoche en París se convirtió casi en automático en una de mis favoritas.

Es una historia de amor y desamor, como esas que a Allen le encantan, pero esta vez la enmarca en una ciudad que fue creada justamente para enamorarse. París es un personaje más en la película, así como la decena de artistas que desfilan en ella. Pueden echarse este artículo de otro blog, por demás interesante, para que vean a lo que me refiero.

Lo que para mí fue una grata sorpresa fue la actuación de Owen Wilson, a quien solo lo había visto como actor ligerito de comedia y, como sucede con muchos de los que actúan para Allen, se mimetiza tan bien que –por un momento– parece que es el director de cine el que protagoniza el filme.

Es una película con un mensaje sencillo: “nunca tiempos pasados fueron mejores”, con un escenario fantástico, que nos saca una que otra sonrisa, pero sobre todo nos inyecta unas ganas enormes de recorrer París… ¡Oh, París!