Todos tenemos dos palabras

Entre editores, escritores y periodistas es muy común escuchar que todos manejamos palabras favoritas. Sí, de esas rarezas del gremio que nos encanta compartir, y que yo también soy incapaz de eludir. Así que en una de estas tardes de ocio –de las cuales suelo ser presa los fines de semana– decidí escribir al respecto.

Es bien sabido que cada profesión utiliza ciertas herramientas en el ejercicio de la misma, y yo me siento bendecida al decir que la mía es el lenguaje. Aunque hablar es mi fuerte –y quien me conoce en persona no me dejará mentir– cuando escribo creo que suelo tener mayor lucidez. Quizá porque uno escoge mejor cada una de las palabras para tratar de ser lo más claro y preciso. Por supuesto no me puedo jactar de que esa tarea la haga con perfección, pero al menos lo intento todos los días.

Entonces, cuando un colega me pregunta cuál es mi palabra favorita es inevitable ponerse a reflexionar. Aunque durante un buen tiempo pensé que esa elección se debía a las circunstancias por las que uno está atravesando, tras algunos años comencé a notar un par de constantes hasta que no hubo más duda: había descubierto mi dos palabras.

Pesca de palabras

¿Por qué dos? Porque una es la que más se disfruta y la otra es la que más se desdeña. Uno puede escoger sus palabras por cómo suenan (fonética, dirían los expertos), por su significado, y unas cuantas más por cómo se ven al escribirse (eso sucede en especial entre diseñadores), pero al final hay un par que nos acompaña toda la vida.

Entonces, así y sin más preámbulo les diré cuáles son esas palabras que elegido (o me han elegido a mí) y las razones, esperando que posteriormente ustedes hagan lo mismo:

Efímero. Esta es mi palabra favorita, no solo por cómo se escucha, sino por cómo se ve y lo qué significa. Es la palabra con la que puedo resumir mi realidad; es la palabra que me asusta, pero me inspira y me recuerda que la vida es solo un instante.

Prejuicio. Esta es la palabra que más desdeño, porque es aquella que resume todo lo que más me lastima. Esta palabra se escucha fuerte y se ve peor, no me gusta su significado y solo la mantengo en el diccionario porque es útil cuando necesito hablar de lo que más me disgusta. El prejuicio es la mejor herramienta que encontramos para defendernos del temor a lo que no entendemos o a aquello que –aunque no lo admitimos– nos causa terror.

Ahora es su turno… ¿cuáles son sus dos palabras?

Un poco más…

Para cerrar con broche de oro, esta breve reflexión me recordó a una canción de un grupo catalán, Jarabe de palo, del cual me declaró fan, pues tienen una canción que se llama Dos días, y dice algo como “hay dos días en la vida para los que no nací / dos momentos en mi vida que no existen para mí”. Sí, el día en que te conocí y el día que te perdí.

Ahora que lo pienso, no tiene mucha relación con lo anterior, pero me dieron ganas de compartir la canción.