Un cuento chino y un elefante blanco

Tuve la fortuna de vivir un tiempo en Buenos Aires y, por supuesto, cuando lo hice me llevé mi afición al cine en el equipaje, y hasta tuve oportunidad de estudiar un poco del séptimo arte argentino en la universidad a la que asistí por esa época. Tuve un par de maestros que fueron los mejores guías en este nuevo viaje de exploración. Además, por si fuera poco, vivía muy cerca de una de las salas del circuito del Instituto Nacional de Cine y Artes Audiovisuales (INCAA), por lo que ya se imaginarán donde pasé una buena parte de mis tardes.

Decidí reunir estas dos películas del país austral, porque son de las más recientes que han llegado a nuestro país y que más he disfrutado. Casualmente ambas son protagonizadas por el máximo representante del gremio: Ricardo Darín, todo un actorazo.

Cuento chino

Esta cinta es un maravilloso encuentro entre dos culturas que se unen por el más curioso de los hobbies: coleccionar historias increíbles de los diarios. Dos personas que no hablan el mismo idioma, pero que a la vez se necesitan. La desesperanza de ambos los lleva a acompañarse y tratar de entenderse. Es un película que causa risa por momentos, pero también nos permite reflexionar sobre “el otro”, ese que nos recuerda que todos somos extranjeros en el mundo de los demás.

La dirección está a cargo de Sebastián Borenzstein y se estrenó en 2011, por lo que es probable que la puedan conseguir ya en formato DVD para que la vean en la comodidad de sus casas. Si les gustó Perdidos en Tokio o no, no importa, esta película la van a disfrutar mucho más.

Elefante blanco

Recuerdo que alguna vez mi simpática vecina en Buenos Aires me habló de los “villeros” (con esa forma singular que tienen de pronunciar la “ll”). Honestamente, en ese entonces, no entendí muy bien a qué se refería y lo más cercano que encontré fue la definición de lo que acá llamamos “naco”. Pero vaya si estaba equivocada, pues son dos conceptos que poco, casi nada, tienen que ver. Y no lo comprendí sino hasta que vi esta película.

Mucho hemos escuchado hablar de las favelas en Brasil, o sin ir más lejos, de los barrios de Tepito o Santa Fe en nuestra ciudad, y es que parece un fenómeno muy de Latinoamérica: los cinturones de pobreza y marginación, por uno lado, y las obras sociales gubernamentales, por el otro, que en muchas ocasiones quedan convertidas en elefantes blancos.

De esto nos hablan los padres Julián y Nicolás, quienes acompañados de una trabajadora social intentan llevar un poco de bienestar a una de las villas más famosas y grandes de Argentina. La historia es ficticia, pero inspirada en la vida real de algunos misioneros que en los años 70 se introdujeron en estos barrios marginados para intentar rescatar al menos a los más jóvenes. La tarea es claramente titánica y provocadora en muchos sentidos, lo que nos permite reflexionar sobre la sociedad que somos y lo que a veces nos negamos a ver. ¿Quiénes son los buenos y quiénes los malos? ¿Hasta dónde uno es capaz de luchar por la justicia? ¿Dónde ha quedado Dios? Son solo algunas preguntas trepidantes que nos pondrán a pensar.

Pablo Trapero

Además, dicho sea de paso, la película es dirigida por Pablo Trapero, uno de mis cineastas argentinos favoritos, quien es especialista en tocar estos temas sociales en sus películas. Sin duda, una de mis favorita es El Bonarense, por si quieren ver algo más de él.