No me crean, mejor vean cómo lo hago

Como ya les he contado en otras ocasiones, los finales e inicios de año son esenciales para mí, pues me tomo muy en serio eso de los ciclos. Por eso, cada año cuando se acerca la fecha comienza un momento de intensa reflexión. Me gusta hacer una autoevaluación y tomar decisiones para salir de una zona de confort.

LoImposibleBueno, todo este preámbulo para decir que este año me propuse uno de los retos más grandes, quizá, que me haya puesto en la vida: hacer realidad el sueño de vivir haciendo lo que me gusta, contagiando a los demás del mismo entusiasmo.

Sí, sí, ya sé, demasiado idealista, demasiado soñadora, demasiado ingenua, demasiado inocente. Pero existe una razón muy poderosa, tan poderosa como nunca antes: estoy cansada de “vivir la realidad que me toca”, Lucharcomo suelen decirme muchos. No es solo un cansancio pasajero, del que “al rato” me recupero o al que “eventualmente, te acostumbras”, sino un profundo agotamiento que raya en la depresión.

Elegir lo que quería “ser de grande” es de las pocas decisiones que he tomado en mi vida, absolutamente sola y contra todo y todos. Vaya que me costó trabajo la decisión (nada más el paso por dos carreras en tres universidades distintas), pero finalmente lo logré y me convertí en la periodista que soñaba. Después de varios intentos en el mercado laboral, encontré mi verdadera vocación: jamás ejercí con tanta pasión una tarea como la de ser la editora de una revista financiera.

El cambio

ContinuarPero como no todo puede ser perfecto, hubo un error de timing. Resulta que cuando al fin ocupé la posición que tanto anhelaba, la industria se encontraba en estado de coma, como un muerto viviente que camina por los éxitos pasados, pero en el nuevo mundo poco tiene que ofrecer, al menos de la forma en la que lo venía haciendo.

Entonces, me pregunté a mi misma: ¿quieres ser parte del hundimiento del Titanic o prefieres ser una astronauta que se lanza a la exploración de Marte? Y adivinen qué: elegí la segunda.

PersistirAsí que aquí estoy desde hace cuatro años, tratando de darle forma, de ensayar, de equivocarme pronto para corregir aún más rápido… Y créanme, he intentado de todo: ya hice un MBA, ya pasé por un proceso de incubación, me cambié de ciudad para explorar un nuevo mercado, y ahora estoy instalada en la fórmula llamada “sigue tu instinto”, y esta vez –aunque a ratos ha aparecido el cansancio, la frustración y la derrota– son solo pasajeros, son solo parte de la Montaña Rusa en la que decidí subirme.

La decisión

Cada vez que dudo –de mi idea y hasta de mí misma– recuerdo lo que alguna vez me dijeron durante unas entrevistas a un grupo de emprendedores: la “fórmula del éxito” Insistires estar dispuesto a morir de hambre por aquello que persigues y tu motor será la pasión y el convencimiento propio con el que hagas las cosas… Y, ¿saben qué? Tienen razón… Así nació Derzeit (“actualmente”, en alemán), así nació la Fábrica de Contenidos, y así se gestando el Gimnasio Financiero… A los que duden de nosotros, los que formamos parte de estos proyectos, a los que duden de mí, solo tengo algo que decirles: ¡no me crean, simplemente vean cómo lo hago!