Mi nuevo amor: el portugués

Después de viajar por Europa durante un año, mi corazón quedó prendado de dos lugares: Islandia y Portugal. Del primero hablaré en otra ocasión. Hoy, quiero hablar de mi amor por la cultura lusa. Tristemente, algunos ven a este pequeño país europeo como el patio trasero de España, y es una de la concepciones más equivocadas que hay. De hecho, pocos saben de la influencia inglesa que Portugal posee. Y, por eso, de los países de dominio latino, es el que más admiro. No solo ha sabido salir de una de las crisis más fuertes que nos ha tocado vivir, sino que la gentileza de su gente y su riquísima historia son lecciones que le dejan a cualquier viajante en cada una de sus esquinas.

Casa do Brasil, en Madrid

En aquel entonces decidí empezar a estudiar su lengua, pues considero que es la mejor forma de adentrarte de lleno en una cultura. Sin embargo, desde el primer momento me vino a la mente Brasil. En efecto, aunque todo nace en Portugal, hoy en día el predominio brasileño lo inunda todo. Aquella experiencia fue tan solo un aprobada de lo que quería en mi futuro.

Regresé a México, y después de varias andanzas, descubrí que no había mejor lugar para retomar las clases de idioma que la extensión cultural de la embajada de Brasil, pues ahí no solo te enseñan las cuatro habilidades básicas (hablar, escribir, leer y escuchar), sino que te empapan de la cultura y la historia que rodea a la legua.

Centro Cultural Brasil-México, en la Ciudad de México

Tuve la fortuna de ser alumna de un profesor extraordinario: Bruno Faber. La clase iniciaba a las 7:00 de la mañana y jamás antes me había sido tan fácil levantarme de madrugada. Aun cuando amaneciera cansada, triste o desanimada, entraba al salón de clases y, de pronto, toda preocupación desaparecía. Me convertía en una esponja de conocimiento y, lo mejor de todo, jamás aprender había sido tan divertido (nótese dos “jamases” en el mismo párrafo, así de increíble la experiencia).

Los brasileños tienen una chispa inigualable, una alegría y humor que les corre por la venas, y la música… ¡Oh, la música! Es lo mejor que ha endulzado mis oídos desde la bossa nova, la samba hasta el fado.

Rio de Janerio, a minha cidade brasileira favorita

La lengua portuguesa, ya sea en su versión portuguesa o brasileña, tiene una cadencia y sencillez que me ha enamorado. La arquitectura de ambas naciones, ese sincretismo cultural, esa mezcla sin igual de razas es espectacular. Sí, soy fan absoluta, y en esta búsqueda de identidad en la que llevo embarcada desde hace cuatro años, quizá empieza a estar dividida entre los nórdicos y vikingos, los navegantes portugueses y la fiesta brasileña.

Oporto, a minha cidade portuguesa favorita

Hoy termino el primer nivel, pero ha despertado una pasión tan fuerte en mí, que planeo seguir hasta terminar los seis niveles. Ya veremos si logro mimetizarme…

P.D. No todo es perfecto con el portugués, pero en esta entrada, solo quiero hablar del lado bonito de la vida. Si acaso, hablaré de sus defectos en otra ocasión.