Un país lleno de supuestos

Seguimos sin lograr una verdadera reforma financiera, donde haya más impuestos al consumo y menos al ingreso. Bajo el supuesto de que “paguen los que más tienen”, los que ya pagan impuestos pagan más y los que no lo hacen continúan saliéndose con la suya.

Tras varios meses de discusión, en 2013, al fin se dio a conocer la propuesta de reforma fiscal del Gobierno Federal, y como algunos analistas lo previeron se trató de una versión light de lo que realmente se necesitaba. Es decir, no implica la transformación de país tan anhelada, pero al menos estuvo acerca.

Este es un texto que escribí en aquel año y que considero pertinente rescatar, pues la reflexión sigue bastante vigente…

Ante la convulsión social que han provocado los cambios a la ley en materia educativa y los que ya se prevén en el sector energético, era de esperarse que el Gobierno no propusiera cambios de fondo en materia fiscal, pues el impacto en las calles sería mayor, además de estar frente el riesgo de recesión ante el bajo crecimiento que presenta el mundo, y en particular nuestro país.

mexicoEl paquete económico en su conjunto propone aumentar el déficit en 1.5% del PIB para irlo disminuyendo paulatinamente hasta llegar al punto de equilibrio en 2017 [Ja! De esto, hoy, no estamos ni cerca]. La idea es ahorrar en tiempos de bonanza para gastar en las turbulencias, como las que estamos viviendo ahora. Con los cambios propuestos se espera que el siguiente año se logre una tasa de crecimiento del 3.9%.

Aunque vale la pena echarle un vistazo a la propuesta completa, destacamos aquí algunos de los puntos que a los inversionistas (y la población en general) más nos pueden interesar.

De entrada, la propuesta de reforma establece la eliminación del Impuesto Empresarial a Tasa Única (IETU) y el Impuesto a los Depósitos en Efectivo (IDE). Además simplifica el pago de impuestos, ya que la Ley del Impuesto sobre la Renta (ISR) se simplifica de 295 a 186 artículos; sin embargo, se aumenta el techo de la tasa impositiva a 32% para aquellas personas cuyos ingresos sean superiores a $500 mil pesos anuales.

Pero a los inversionistas del mercado bursátil el cambio que más nos ocupa es la propuesta para establecer un impuesto de 10% a los ingresos de las personas físicas por la enajenación de acciones y un impuesto adicional a los dividendos que se atribuyan a las personas morales.

impuestosEn pocas palabras: la historia se repite. Nuevamente, se deja fuera la posibilidad de aumentar el número de personas que pagan impuestos y se les exprime más a los que ya los pagan.

Sí, es cierto que la propuesta de reforma también incluye la desaparición de tres cuartas partes de los tratamientos fiscales preferenciales y la mitad de los regímenes fiscales especiales de los que gozan algunos sectores de la economía, además de reducir el aumento a las gasolinas [ya de esto ni reír es bueno]. Sin embargo, no es suficiente para crecer la recaudación y hacerla más democrática.

Frente al lema “que paguen más los que más ganan”, hubiese sido mejor para el país aplicar “que paguen más los que más gastan”. Como en otras ocasiones lo he comentado, lamentablemente, la cantidad de personas que cuentan con un empleo formal (es decir, contabilizado por el SAT) es muy baja y la informalidad no para de crecer. Entonces, ¿por qué seguir aumentando los impuestos que desincentivan el trabajo formal, la producción y la inversión? Pagar un IVA generalizado (es decir, uno que se aplique a todos los productos, incluyendo alimentos y medicinas) es la forma más justa de cobrar impuestos, pues nuestra historia y la de otros países ha demostrado que el impuesto al valor agregado es el más eficiente para la obtención de recursos del Estado.

Incluso, en otras economías del mundo se ha aumentado el IVA a cambio de una reducción de ISR y otros impuestos, porque es un hecho que todos consumimos de alguna manera, sin importar si contamos con empleo o no. En cambio, pocos ahorramos ¡y ya ni hablar de invertir!

El impuesto a las ganancias por la posesión de acciones y dividendos en realidad no hace gran diferencia, pues la mayoría de los que invierten en nuestra Bolsa Mexicana de Valores son extranjeros y están acostumbrados a pagar impuestos, al ser una práctica bastante común en los mercados accionarios de otros países.

Por otro lado, el hecho de que solo por ciertos productos se paguen impuestos y por otros no, genera poca competencia leal entre las empresas y sectores de la economía, haciendo que la cancha se incline para un lado.

Renuncia Agustín Carstens a Banxico.Frente a este escenario, considero que la propuesta de reforma fiscal se queda corta y resulta poco valiente; no obstante, probablemente será con la que tengamos que trabajar e invertir de ahora en adelante, manteniendo la esperanza de que en el futuro los políticos sigan siendo audaces para enfrentar los cambios de fondo que necesita el país [ya estoy en un mar de lágrimas].

Esperemos a ver qué sucede en las dos cámaras legislativas para enterarnos de cómo quedará nuestro nuevo régimen fiscal. Aunque se avizora poca discusión y una aprobación casi inmediata, ya que la atención se seguirá centrando en lo referente a energía.

Y, tristemente, así ha sido…