Dale un giro a tu carrera

Estudiar un posgrado para algunos más que un deseo se ha convertido en una exigencia del sector en el que se desenvuelven. Pero la decisión ya no es como cuando uno tenía 18 años y tenía que elegir qué estudiar, pues el escenario y los retos son diferentes. Cuando uno ya cuenta con una trayectoria laboral, las responsabilidades cambian. Incluso, nuestra vida personal ya no es la misma, porque quizá ahora tenemos familia o personas que dependen de nosotros –como pueden ser los propios padres– o simplemente hemos asumido otro tipo de compromisos: la compra o renta de una casa, de un coche o algún crédito personal (tarjeta de crédito), entre otros.

Como toda decisión importante en la vida, uno debe tomarse una pausa para reflexionar varios aspectos. La primera pregunta que debemos respondernos es por qué hacer un posgrado. Muchas personas lo hacen buscando un cambio de carrera, otras porque están persiguiendo un ascenso y unas tantas más por el mero placer de regresar a la academia.

El motivo importa porque te puede dar las primeras pistas para ir cerrando el abanico de opciones. Por ejemplo, si tener una maestría es una condición para que te asciendan en tu trabajo (situación que en las instituciones financieras suele darse con frecuencia), quizá la opción de irte al extranjero queda descartada, pero por otro lado es probable que la propia compañía te ayude a solventar el gasto.

Ahora bien, si lo que buscas es darle un giro a tu carrera, pensar en otro país puede ser más factible. Claro, eso si no tienes familia, porque justamente el entorno es otra de las variables que debes tomar en cuenta. ¿Tienes hijos? ¿Cómo les afectaría si tu regresas a estudiar? ¿Tu sueldo te alcanza para solventar el gasto de la matrícula? Las respuestas serán otros parámetros que te servirán para hacer la elección de tu programa.

Adentro y afuera

De acuerdo con Ernesto García, socio director y senior coach de TestPoint para poder decidir qué posgrado estudiar se deben hacer dos análisis: uno hacia adentro de uno mismo para detectar qué cosas son las que requieres fortalecer o hacia a dónde necesitas expandir tus conocimientos. Para ello, necesitas hacer un ejercicio profundo de reflexión de dónde estás parado, qué has logrado hasta ahora y cuál es el siguiente paso que quieres dar en tu carrera, para identificar exactamente lo que necesitas.

saberelegirEl segundo análisis es hacia fuera de ti: ¿cuáles son los trabajos, industrias o sectores de la economía que tienen más futuro? Quizá aquello para lo que te preparaste en la universidad hace siete o 10 años ya perdió vigencia o no se desarrolló como se esperaba, por lo que es momento de darle un giro a tu trayectoria.

“Una combinación de ambos análisis es la clave para elegir el programa de posgrado ideal. La mezcla entre lo que tú necesitas para progresar (herramientas, recursos, armas que te permitan venderte mejor) y lo que está pasando en el mercado laboral puede darte la respuesta que buscas”, explica Ernesto García.

Es común que cuando uno comience su trayectoria laboral se concentre en trabajos dirigidos a lo que uno estudió: si fue algo de programación, trabaja como programador; si es algo de economía, se ejerce como analista; o si se graduó de diseñador, labora como dibujante. Pero en la medida en la que uno va creciendo se aleja de la parte más operativa y quizá se comienza a acercar a algo más administrativo, estratégico o de dirección de equipos de trabajo, y es entonces cuando estudiar un posgrado puede ayudar a dar el salto que hace falta.

Otro escenario común, de acuerdo con el experto, es que las personas piensen en un posgrado cuando quieren darle un giro de 180 grados a su carrera. “En eso somos expertos. Gracias a los trabajos que hemos realizado de cerca con las instituciones de educación superior, nos hemos dado cuenta que la decisión sobre qué estudiar muchas veces le llega a las personas a una edad que no es la más adecuada, porque conoces muy poco del mundo, no sabes para qué eres bueno o hasta dónde eres capaz de llegar. Por eso vemos que muchos estudian una carrera y terminan trabajando en otra, y cuando se vuelve necesario mejorar eso a lo que nos dedicamos, volteamos a ver a los posgrados”, comenta el senior coach.

Para todos hay opciones

Una vez que hemos hecho ese ejercicio de introspección y que ya contamos con las pistas necesarias de lo que queremos, es momento de empezar a revisar las opciones. Empecemos por los programas más comunes y estandarizados. El primer lugar lo ocupa el Master in Business Administration (MBA); es decir, la maestría en administración. Este se trata de un programa muy conocido ya en el mercado laboral, y que es el ideal cuando se quiere empezar a pelear por un puesto directivo, o incluso emprender, tras acumular varios años de experiencia.

mbaEl universo de los MBAs es vasto, por lo que es sencillo encontrar uno que se adapte a nuestras circunstancias. Los hay de tiempo completo, ejecutivos o de tiempo parcial. Este último tipo es frecuente entre las personas que trabajan, tienen familia y, además, la empresa para la que trabajan los puede ayudar a solventar el gasto de la maestría.

Se trata de un programa que brinda las herramientas gerenciales que cualquier directivo necesita desarrollar. Sin embargo, también los hay especializados en algún sector o con alguna orientación específica. Por ejemplo, los MBAs con emprendimiento, globales o internacionales, en empresas culturales, para el sector farmacéutico, enfocados en las certificaciones de calidad, etcétera.

Es común que este tipo de programas los encuentres en las escuelas de negocios de las universidades. Basta con dedicarle unas cuantas horas a navegar en internet para revisar la oferta. Generalmente, las páginas web de las universidades tienen información muy completa de los programas y todos los datos de contacto para resolver dudas. Además, si les escribes te responden inmediatamente, por lo que tu primera búsqueda no será difícil. El reto será elegir el más adecuado para ti.

Ahora bien, si lo que buscas es algo más específico, quizá cercano a la investigación o al desarrollo de ciencia y tecnología. La oferta está más acotada. Lo primero es identificar las instituciones o ciudades que destacan en aquello en lo que te quieres especializar. Por ejemplo, si lo que quisieras es un master en animación y efectos especiales, quizá pensar en el extranjero –en San Francisco o Los Ángeles en concreto– sea lo ideal; o si lo que deseas es enfocarte en biología marina o neurociencias, los institutos de investigaciones de universidades públicas, como la UNAM o el Politécnico Nacional, sean los espacios idóneos para conseguirlo.

Cabe decir que este tipo de programas cercanos a la investigación suelen ser de tiempo completo, por lo que dejan poco espacio para combinarlo con otras actividades, como el trabajo o la familia. Pero también es verdad que son los que más apoyo económico albergan, pues existen instituciones públicas –como el Conacyt– y privadas –como la Beca Fulbright– que te pagan por estudiar. Solo es cuestión de aplicarse y conversarlo con la familia para ajustarse al nuevo presupuesto. No es un proceso común ni sencillo, pero en definitiva es posible.

Aquí o allá

“Muchos reclutadores juzgan a los candidatos por su último trabajo o grado de estudios. Por ejemplo, si estudiaste filosofía y letras, pero ahora tienes un MBA enfocado en mercadotecnia, cuando regreses al mercado laboral, te buscarán por eso último que hiciste. Por eso, elegir la universidad correcta es importante”, dice Ernesto García.

estudiarposgrado3Más allá de fijarnos si la universidad es púbica o privada, debemos prestar atención a las certificaciones o prestigio con el que cuenta. No todas las universidades son buenas para todos los programas de posgrados. Hay algunas que concentran sus recursos en sus maestrías de negocios y otras que lo harán en humanidades o ciencias. Por lo que el primer criterio debe ser ese.

También, según el experto, es un mito que solo afuera existan buenos programas de posgrado. En México se pueden estudiar cosas muy interesantes. Existen programas nacionales que cumplen con el estándar internacional y hasta obligan a sus alumnos a tener una experiencia en el exterior en algún momento del plan de estudios. La oferta mexicana es competitiva sin lugar a dudas.

“Lo esencial es que la universidad esté avalada y supervisada por la máxima autoridad educativa del país. Después, que tenga vínculos fuertes con el sector empresarial; es decir, que sus ex alumnos estén haciendo cosas en el mercado laboral. De hecho, investigar acerca de quiénes ya han pasado por ahí y qué están haciendo nos puede dar mucha información acerca de qué tan buena o no es la universidad que nos atrae”, explica el experto.

No nos quedemos con lo que leemos en el papel o internet. Cuando ya hemos seleccionado tres o cuatro programas en determinadas universidades es importante que escarbemos un poco más. Recuerda que a veces “el león no es como lo pintan”. Ir y darte una vuelta por las instalaciones para ver qué tipo de gente acude, quienes serán tus maestros, son tareas que no debes saltarte para estar seguro de que es la institución educativa correcta.

“Una universidad con un buen manejo de marca, posicionada en los rankings internacionales, con un plan de estudios fuerte, una red de ex alumnos reconocidos y una planta de maestros distinguida, puede cambiarte la vida. No tengo duda de eso, pero solo un buen programa de posgrado, no cualquiera”, asevera el socio director de TestPoint.

Alrededor del mundo, cada año, se publican estudios o listados de las mejores universidades o programas de posgrado. Estos pueden ser una buena primera aproximación para elegir universidades. Pero no nos dejemos llevar por “el canto de las sirenas”, pues mientras un ranking coloca en primer lugar un programa determinado, otro ni siquiera lo considera en su evaluación. Eso depende del país donde se hace (regularmente sus escuelas estarán en los primeros lugares) o de la institución que lo patrocina o publica. De los rankings más serios y reconocidos en el mundo están los de medios como The Economist, Forbes, Times o Bloomberg; de países, como el Shanghái Ranking; o nacionales, como el que hace CNN Expansión.

Pero, insistimos, el rankeo no lo es todo. Según el coach, son tres elementos indispensables los que hay que evaluar para tomar una buena decisión:

  1. Los alumnos y ex alumnos

En México, no se ofrece tanta información ordenada; sin embargo, en el extranjero sí. Incluso hay universidades que en sus propios sitios de internet publican reportes de empleo de sus ex alumnos: ¿dónde están?, ¿quién los empleó?, ¿cuánto ganan?, ¿qué reconocimientos académicos han recibido?, etcétera. Y si la institución no lo ofrece públicamente, también se le puede pedir a los directores de los programas que nos vinculen con ello. Es decir, hay escuelas que ofrecen reuniones de tú a tú o convivencias con ex alumnos para compartir experiencias.

  1. Los maestrosestudiarposgrado2

Prácticamente, los hay de dos tipos: los que son académicos de tiempo completo, muchos de ellos con algún grado de investigador; y los que más bien se han distinguido por su trayectoria en el campo laboral. Ambos son buenos, pero es importante que la escuela cuente con ellos. No todas las escuelas resultan atractivas para todos los profesores, y eso también habla de la calidad que ofrece la institución.

  1. El programa

No basta con revisar la tira de materias y ya, porque muchas veces a simple vista no notaremos la diferencia entre un programa y otro. Por eso, debemos adentrarnos en el contenido de dichas materias, el método y las herramientas de enseñanza: ¿utilizan casos reales de análisis?, ¿tienen alguna plataforma tecnológica que apoye el estudio?, ¿existen prácticas de campo?, etcétera.

¿Es rentable o no?

No todos los posgrados valen la pena, a veces es mejor tomar un diplomado o una especialización, o incluso aprender por nuestra cuenta, pero si sabemos elegir bien, también es cierto que un posgrado puede hacer toda la diferencia. Tu red de contactos crece, compartes experiencias con perfiles distintos al tuyo y le agregas un punto más a tu currículum.

Por otro lado, es una realidad que los niveles de exigencia del mercado laboral han aumentado con el tiempo. Antes bastaba con tener la preparatoria terminada, luego una licenciatura y hoy es una maestría.

estudiarposgrado1Contar con un título adicional puede ayudarte a escalar en el organigrama de una empresa o cambiar toda la perspectiva de un negocio. Claro, no es una garantía de ello, pero –como ya se dijo– eso sucede solo cuando se elige correctamente el programa y la universidad. Es decir, no todos los posgrados valen lo mismo para las empresas al momento de reclutar a alguien.

Además, la inversión no es únicamente de dinero, sino también de tiempo: tan solo el proceso de definición, selección y admisión a una maestría, aunado a todos los trámites que conlleva, puede tardar entre cuatro y seis meses. “Sin embargo, el proceso es tan exhaustivo que decir ‘me equivoqué’ es rarísimo. No se me ocurre algún caso que hayamos tenido de alguien que al terminar su posgrado dijera: ‘erré el camino’. Quizá sucede cuando uno elige qué estudiar en la universidad, pero para cuando decides una maestría o doctorado, ya tienes mucho más claro para qué lo haces y cómo te ayudará en un futuro”, comenta Ernesto García.

Cómo pagarlo: hagamos un plan

Después de reflexionar sobre tus aspiraciones; analizar tu escenario personal y el de la oferta académica; elegir el programa y la universidad que mejor se ajusta a tus necesidades; pasar por el proceso de admisión y resultar seleccionado… Llegó el momento de hablar de números; es decir, ¿cómo vas financiar tu proyecto de posgrado? Básicamente existen estas opciones: con una beca, un financiamiento, pagándolo tú mismo o una combinación de las tres.

  1. Becas y financiamientos

Contrario a lo que se piensa, existen muchas organizaciones dispuestas a ayudar a preparar talentos. Desde empresas privadas que eligen a sus empleados clave para catapultarlos dentro de la misma organización, hasta asociaciones sin fines de lucro que buscan causar un impacto social.

Primero busca el apoyo dentro de la empresa para la que trabajas. No te esperes a que lo den a conocer. A veces los directivos de las empresas están esperando escuchar propuestas que les resulten rentables por parte de sus empleados.

Si no encuentras el apoyo, entonces, échale un ojo a los listados que aparecen en las siguientes páginas de internet. Te sorprenderá la cantidad de oferta que hay, y para aplicar a veces solo es necesario unos cuantos clics (claro, si ya cuentas con toda la documentación a la mano):becas

Ahora bien, recuerda que beca y financiamiento no son lo mismo. La primera es un tipo de apoyo que se brinda y no tienes que pagar por él ni hoy ni después. El segundo es un préstamo económico; es decir, quizá no lo pagues hoy, pero tendrás que hacerlo mañana, ya sea completo o solo una parte. Por eso es indispensable prestar atención a las letras chiquitas para saber si te conviene o no, y bajo qué condiciones.

Para evaluar la conveniencia de un financiamiento fíjate en las siguientes variables:

  • Tasa de interés: no solo el monto, sino si es fija o variable.
  • Plazo de pago: a veces entre más largo es el periodo del préstamo resulta más caro.
  • Penalizaciones: por pago anticipado o por falta de pago.
  • Costo total del préstamo: cuánto más pagarás por el dinero que te prestan.
  • Comisiones: cualquier tipo de costo o ganancia que se lleva la institución que te da el dinero y que tu deberás asumir.

La buena noticia es que los créditos o financiamientos educativos suelen tener mejores condiciones que los bancarios, personales o destinados a otros fines, pero no por ello dejan de ser créditos y por eso es importante evaluarlos.

  1. Págalo tú mismo

Una de las limitaciones más frecuentes para no estudiar un posgrado es la falta de recursos. Sí, es verdad que existen muchos apoyos, pero también es real que a veces justo el programa que hemos escogido no se adapta a las condiciones de una beca. Asimismo, en ocasiones, los compromisos que hemos asumido (familia, hipoteca, créditos, etcétera) nos limitan aún más para pensar en la posibilidad de regresar a la universidad.

“Sin embargo, siempre hay opciones para todos los escenarios”, asegura Ernesto García, y tiene razón. Iván Morales es un ejemplo de ello y vale la pena compartir su historia.

Además de trabajar de tiempo completo en un despacho de abogados, Iván es divorciado a sus 37 años de edad y se hace cargo de parte de la manutención de su hijo. Tras varios años de posponer su proyecto de maestría, por primera vez se replanteó el reto: siempre quiso especializarse en derechos humanos y –tras una breve investigación y comparación– supo que en Italia existen muy buenos programas.

Para cuando Iván se decidió a aplicar por primera vez, algunas convocatorias de beca ya estaban cerradas y aunque aplicó al Conacyt, al ser un programa ejecutivo, le fue negado el apoyo. En ese momento, Iván tuvo dos opciones: claudicar, o echarle números para ver qué posibilidades había de pagársela él mismo.

fraseiEl programa que eligió tenía un costo total de $7,600 euros, y con un estilo de vida austero y compartiendo la renta de un piso, necesitaba otros $700 euros mensuales más para su manutención allá. Hasta ese día el sueldo de Iván era de $40 mil pesos, pero la mitad se lo ganaba en un proyecto de consultoría como freelance.

Tras evaluar la situación, vio una luz al final del túnel. En realidad, Iván podía seguir trabajando en lo que hacía porque –gracias a la tecnología– la mayor parte de sus tareas podía continuarlas a distancia y haciendo uso del teléfono, Skype y correo electrónico. En realidad, era todo lo que necesitaba para hacer su trabajo.

Entonces, tomó la decisión más arriesgada de su vida: vendió su coche en $100 mil pesos para pagar buena parte de la matrícula, pidió un préstamo personal de $100 mil para pagar la parte que le restaba ($29,200), para el vuelo de avión ($10,500), para el depósito que debía dejar en garantía para la renta del piso en Italia ($20,400) –que al final le sería devuelto–, y todavía le sobraron $60,100, por lo que se le pudiera ofrecer. Cabe señalar que el crédito era a una tasa del 18% por dos años, lo que le dejaba una mensualidad a pagar de $5 mil pesos aproximadamente.

Además, Iván tenía un ahorro voluntario acumulado en su afore de $40 mil pesos más que podría retirar al final del año, junto con la caja de ahorro de su oficina (otros $10 mil).

El siguiente es el balance general de lo que Iván tenía:

tabla

Si analizamos el cuadro anterior, en realidad, las finanzas de Iván no eran malas. Incluso, si lograba conseguir otro contrato de consultoría como freelance (más el préstamo que pagaría en el tiempo), podía cubrir al menos lo esencial para poder estudiar el posgrado que tanto ambicionaba. No lo pensó más y se lanzó a la aventura.

Actualmente, Iván no se arrepiente del riesgo que tomó. No niega que tuvo algunos problemas en el camino y cuestiones imprevistas (por ejemplo, se tuvo que atender un problema dental en Italia con el que no contaba), y confiesa que por un momento sí se llegó a sentir asfixiado por las deudas. Incluso, su hermano tuvo que prestarle un poco de dinero en un momento dado.

Pero al final del camino, Iván regresó a México con el título que tanto soñó, no perdió su trabajo y por el contrario consiguió un ascenso. Tras tres años más, terminó de pagar todo lo que debía, su hijo terminó la primaria y ahora está pensando en independizarse, pues los contratos que consiguió como freelance siguieron creciendo hasta necesitar de un socio.

Sé que probablemente la historia suena a cuento de hadas, pero es real. Iván es prueba de ello y lo único que tuvo que vencer fue el temor al fracaso y a decir: “ya estoy muy grande para esto”.

Ahora bien, imagínate si no tienes hijos, y tus compromisos son tan solo cuidar de tus papás o la hipoteca de una casa… Probablemente el escenario hasta sea más alentador.

Así que si has pensado en estudiar un posgrado, ahora ya tienes las pistas suficientes para aterrizar la idea, ponerte a investigar y manos a la obra. Recuerda, lo que Ernesto García comentó: “un posgrado puede cambiarte la vida”.

Full time o part time

girocarreraDe acuerdo con Ernesto García de TestPoint, es más común que los programas de tiempo completo le resulten más atractivos a los jóvenes entre 25 y 30 años, porque todavía les resulta fácil enfocarse al 100% en el proyecto de maestría. Es probable, incluso, que piensen en el extranjero para vivir una experiencia completa que los lleve a encontrarse consigo mismos.

En cambio, los programas ejecutivos o de tiempo parcial están dirigidos a gente más grande (de 35 años en adelante) con puestos de mayor jerarquía y no tan interesados en reinventarse, porque se sienten competitivos y solo consideran que deben fortalecer ciertas habilidades o conocimientos. De hecho, por eso suelen estudiarlos en su propio país y no piensan en cambiar de residencia o de amigos.

Ventajas de estudiar fuera o dentro

En el exterior

  • Puedes aprender y dominar otro idioma
  • Te rodeas de extranjeros, gente de otras culturas que te obligan a practicar valores como la tolerancia y el respeto
  • Trabajas en ambientes globales, lo que te hace más adaptable y flexible a los cambios
  • La experiencia es más integral porque sales de tu zona de confort

En el interior

  • Convives y aprendes nuevos conocimientos en el contexto del mercado laboral al que estás avocado
  • Tienes mayor estabilidad familiar y personal
  • Convives con gente que tiene el mismo estilo de vida que tú
  • Puedes continuar trabajando o, incluso, encontrar apoyo dentro de la empresa a la que perteneces

Estudiemos todos

preguntaAunque no son los casos mas frecuentes, tampoco es imposible estudiar un posgrado en el extranjero cuando uno ya tiene una familia que mantener. En ocasiones, se planean esquemas en donde todos los integrantes aprovechan la experiencia. Entonces, quizá si eres divorciado, pero tienes hijos, los puedes llevar contigo para que estudien un idioma en un verano, un curso en un semestre o un año, o el periodo completo (secundaria o preparatoria) en el extranjero. Todo está en buscar los apoyos o armar un buen plan financiero.

¿Qué es TestPoint?

Es una empresa que ofrece un servicio de asesoría para poder estudiar un posgrado, dentro y fuera del país. Acompaña en todo el proceso a los aspirantes: desde cursos de preparación para los exámenes de admisión, pasando por la redacción de documentos (cartas motivo, solicitud de admisión, etcétera), hasta la búsqueda de becas o financiamientos (afirman que no conocen un solo caso que no haya concretado la meta por falta de dinero). Ellos estiman que este proceso completo toma alrededor de cuatro meses, partiendo desde definir qué estudiar hasta tu primer día de clases.

Para contactarlos puedes visitar su sitio de internet: http://testpoint.com.mx/