Nos vamos a divorciar

Tomar una decisión de tal trascendencia siempre tiene una complejidad ciertamente abrumadora, pero una vez que lo hacemos, si tenemos hijos, comunicárselos es el siguiente paso. Pero antes quitémonos varias telarañas de la cabeza: decirle a los hijos que sus padres se van a divorciar debe hacerse con la mayor franqueza y honestidad posibles, olvídate de quienes te dicen que los vas a lastimar o, peor aún, que les vas a generar algún trauma, porque no necesariamente debe ser así.

“El miedo que les produce a los padres las situaciones a las que se van a enfrentar es paralizante, sobre todo cuando alguna de las partes es dependiente del otro económicamente, porque surgen preguntas como: ¿y ahora qué?, ¿dónde voy a vivir?, ¿tendré que empezar a trabajar? Se abre un nuevo mundo de inquietudes para los papás y, por supuesto, la preocupación más grande son los hijos: ¿con quién van a vivir?, ¿cómo los van a mantener? y demás”, dice la especialista en psicología educativa Claudia Garnica, coordinadora de la consejería académica del Tecnológico de Monterrey, Campus Ciudad de México.

divorcio3Los padres entran en un laberinto donde la salida más fácil es no divorciarse para no enfrentar a los hijos a este nuevo mundo de incertidumbres. Además, eso evita que los papás se enfrenten así mismos. Sin embargo, esta es una de las peores trampas que se pueden poner, porque aunque no le dicen a los hijos lo que está pasando, comienzan a utilizarlos como monedas de cambio, más aun cuando estos son todavía muy pequeños como para percatarse por sí mismos de lo que realmente sucede. Todo esto los afecta más que hablarles con la verdad.

Por eso, es fundamental saber en qué etapa de la vida se encuentran los hijos para saber qué y cómo decirles. Como dice la especialista, “divorciarse es algo que se tiene que poner en palabras”. Un niño puede interpretar muchas cosas y es común que los subestimemos, pensando que no lo va a entender. “Por el contrario, el niño tiene un campo de pensamiento mucho más amplio que el de un adulto, pues nosotros con la edad vamos cerrando esos canales”, añade.

No existen palabras prohibidas

Las palabras deben ser directas: no es lo mismo separase que divorciarse, pero al niño se le tiene que explicar lo que es cada cosa. No se vale decirle que se van a divorciar, pero siguen viviendo juntos. Doloroso siempre va a ser y eso es inevitable tanto para los papás como para los niños, pero si hay congruencia entre lo que se dice y se hace, para el niño es más fácil procesarlo.

divorcio5Cuando los papás deciden enfrentar la situación frente a los hijos juntos es más fácil que los más pequeños entiendan en que consistirá el proceso y no les parecerá extraño si de repente se enfrentan ante un juez o un abogado, por ejemplo, o si tienen que vivir lejos de alguno de los padres, pues sabrán que es parte del proceso de divorcio.

“Lo que no se vale es decir, por ejemplo, es: ‘tu papá se va a ir de viaje y va a vivir fuera de aquí, pero vas a tener que declarar en su contra frente a un juez’, porque entonces los mensajes no tienen coherencia y es más difícil que el niño entienda lo que está pasando”, explica Garnica. Es posible que el pequeño quizá no entienda de inmediato el concepto de divorcio, pero sabe que es un proceso que quizá implicará una mudanza y una búsqueda de un nuevo hogar.

Cuando no hay congruencia, a pesar de la capacidad enorme que tienen los niños para interpretar los sucesos, los padres terminan abriéndoles un boquete de angustias mucho mayor, porque entonces para los pequeños puede ser un divorcio o cualquier cosa. Siempre será mejor ayudarlos a acotar esa interpretación para que tengan al menos la certeza de lo que sí está sucediendo y lo que no.

¿Les decimos juntos?

Existen procesos de divorcio muy distintos: algunos más violentos que otros. Por ejemplo, “si todavía existe un diálogo entre los padres y es un proceso de común acuerdo, entonces, sí conviene que hablen con los hijos juntos, porque insisto: es lo más congruente y así lo percibe el niño, como una decisión en conjunto –sugiere la psicóloga–. Sin embargo, si son situaciones críticas, donde no hay un acuerdo entre los padres, puede ser que al momento de intentar hablar juntos se vuelva una ‘rebatinga’. Como no está elaborada la decisión, entonces, suceden cosas como: ‘nos vamos porque tu papá ya no nos quiere’ o ‘nos vamos porque tu mamá es una floja’. Si es así, no tiene ningún sentido intentar que los dos hablen con los hijos al mismo tiempo”.

divorcio4La persona indicada para decírselo, sean juntos o separados, debe ser la que tenga más clara la decisión y que pueda ser lo más objetivo, separándose hasta donde es posible de los sentimientos propios que provoca el divorcio. Para comprender esto, Garnica nos da otro ejemplo, “si la mamá sufrió un engaño debe ser muy cuidadosa de no transmitir la rabia que puede provocar el hecho a los niños, porque de alguna manera se les obliga a tomar partido y a ver al papá como el malo de la historia y a la mamá como la víctima, cuando en realidad, en un divorcio, no hay víctimas ni victimarios: las cosas llegan hasta donde llegan porque ambos son corresponsables”.

Una sugerencia que nos brinda la especialista para hablar correctamente con ellos es decirles: “hijo mío, por más doloroso que sea, la decisión la estamos tomando ambos (tu papá –o mamá– y yo), y ninguno es más responsable que el otro, ambos te queremos mucho y seguirás siendo siempre lo más importante para nosotros”, de esa manera tanto papá como mamá quedan al mismo nivel frente al niño.

Por supuesto existe un proceso natural de empatía que se puede dar más con uno que con otro, pero sin que exista un rencor de por medio, sino sencillamente porque la naturaleza humana es así.

Cada integrante de la familia elaborará su propia historia, y habrá aliados y detractores, pero siempre se debe cuidar, en la medida de lo posible, que las experiencias de los pequeños no sean historias compradas de los papás.

Necesitamos ayuda

Los procesos de divorcio no siempre se pueden enfrentar solos y es muy válido –y más común de lo que parece– pedir ayuda. Lo primero es que los papás sean los que trabajen con su decisión, principalmente para no repetir patrones; es decir, para no cometer los mismos errores una vez que se sienten listos para volver a empezar una nueva vida. “Muchas veces nos traen a los niños y con quien terminamos trabajando es con la pareja”, comenta Garnica.

divorcio1Aunque no es el caso de los adolescentes. A ellos este tema les suele conflictuar más, porque de entrada están en un momento de rebeldía con los papás y el divorcio no ayuda, al contrario: refuerza esa rebeldía y hacen que tomen decisiones más riesgosas, como fumar, tener relaciones, emborracharse y demás. Según la consejera académica, “los pacientes más comunes son justamente adolescentes en medio de procesos de divorcio de los padres, porque además es la etapa más crítica en cuanto a la tolerancia”.

Pero, una vez que los padres ya tienen mejor digerido el tema y ya han hablado con los hijos para comunicarles esta nueva etapa en sus vidas, es importante observar las reacciones y el comportamiento que estos tengan posteriormente.

“Existen síntomas muy diversos de que un niño no está procesando sanamente el divorcio de sus padres: se vuelven muy callados, están tristes, se aíslan o al revés, están muy enojados y entonces se vuelven rebeldes, desobedientes o agresivos. Si es un niño muy pequeño, puede hacerse muy llorón. Existen bajas en las calificaciones. Incluso, en casos extremos pueden comer compulsivamente o dejar de comer, adquirir fobias, mojar la cama o sufrir de insomnio”, describe la psicóloga Verónica Rivas, quien dirige el Centro de Psicología Integral con una experiencia de más de 20 años en terapia para parejas.

Cuando los padres se someten a una terapia es más sencillo descubrir lo que no está funcionando, “lo recomendable siempre será ponerse en manos de especialistas, porque somos nosotros los que mejor podemos ayudar a detectar a los papás en qué momento apoyar al niño o adolescente con terapia, o cómo ‘couchar’ esta situación”, sugiere la experta.

“Y no todas las veces es necesario. No pensemos en divorcio igual a psicólogo, porque a veces es una decisión muy clara y bien manejada por parte de los papás. No son los casos más comunes, pero suceden”, aclara la especialista del Tecnológico de Monterrey.

Terceros en discordia

La intervención de terceros en un proceso de divorcio siempre debe ser muy cuidada. Es importante hablar con otros parientes ajenos a la familia nuclear si son parte del problema o si están involucrados en cómo se están dando las cosas, “pero es complicado, porque se corre el riesgo de que parezca ‘misa de siete obispos’ y le lleguen 800 mensajes al niño”, aclara Garnica.

divorcio2“Por ejemplo, si derivado de un proceso de divorcio, alguna de las partes decide irse a vivir con los abuelos, entonces sí es importante hablar con ellos para que entren en la misma dinámica frente al niño. Es muy importante que ellos también hablen con transparencia y que se sepa cuál es el motivo de la mudanza y las condiciones de la misma”, agrega.

Los abuelos son muy dados a sobreproteger a los niños y los padres deben tener cuidado con esa intención, porque finalmente al niño le debe quedar claro que el problema es de los papás, no obstante, ellos siempre seguirán velando por él como hasta ahora.

Aquí puede aparecer de nuevo el mito de que es mejor no decirle nada para protegerlo y, entonces, otra vez se empiezan a crear falsas historias. Por eso, la intervención de terceros no es recomendable a menos de que sea indispensable y se debe hacer con toda la mesura posible. Hablar claro siempre será la clave.

Consejos de los especialistas

Algo muy importante es que no se debe hablar de la decisión hasta que no esté tomada, porque de otra manera se involucra al hijo en una dinámica emocional gratuita y los papás van perdiendo credibilidad, porque dicen una cosa y hacen otra. “Lo que le va a dar contención al hijo es saber que sus papás están para él y están firmes y contundentes”, asegura Garnica.

Entonces, hasta que se pueda sostener la decisión se habla, sobre todo, porque en un divorcio no se debe olvidar que hay una cuestión legal, quizá un cambio de domicilio, de reorganización de horarios, etcétera.

Cuando son procesos de separación y que todavía son temporales, sin hablar de divorcio, sino solo de darse un tiempo, también deben de hablarse con esa franqueza frente a los hijos.

Ambas especialistas concuerdan con las siguientes recomendaciones para poder establecer una comunicación clara con los niños o adolescentes en medio de un divorcio:

  1. Elaborar la decisión: ver pros y contras, implicaciones personales e individuales de la propia pareja, primero, y de los hijos después. ¿Qué sostiene mi decisión para poderla comunicar de la manera más clara y franca posible?
  2. Fuera telarañas: no dejarse deslumbrar por temores infundados o culpas inventadas, como ¿qué va pensar mi hijo después?, ¿lo voy a traumar? Muchas veces estas preguntas generan respuestas equivocadas y no todas las crisis en las parejas necesariamente deben acabar en divorcios, quizá solo cambian la manera en la que se relacionan, pero pueden seguir funcionando bien en un ambiente o circunstancia distinta. Por eso, se debe fluir y no perder de vista el objetivo final: vivir mejor.
  3. divorcio6Ser contundentes: Si después de todo el tránsito crítico, la decisión de separarse se sostiene, entonces, ahora sí la pareja debe de empezar a pensar en los pasos a seguir y cómo llevarlos a cabo. ¿Cuál será la negociación y cómo se va a comunicar?
  4. Hablar con claridad: no crear falsas esperanzas, porque el deseo inicial del hijo siempre será que sus papás regresen a estar juntos. Por eso, es muy importante no crear expectativas de cosas que seguramente ya no sucederán.
  5. No hay culpables: dejarle claro a los hijos que no son culpables de la separación de los padres, ni tampoco hablar mal de mamá o papá frente a ellos, pues no son problemas que a ellos les incumban.
  6. Dar tiempo: dejar que los hijos vivan su propio duelo para que puedan llorar, expresar todos sus temores y trabajar con su enojo. Darles el espacio necesario para hacerlo y también para escucharlos y brindarles el apoyo y protección requeridos.

En cualquiera de los puntos anteriores se puede necesitar ayuda especializada o no, eso dependerá de cómo se vayan presentando las situaciones. “Somos un país con mucha falta de información emocional. La psicología no es un acto de fe: no se trata de creer o no en la terapia, sino se trata de una ciencia de lo más seria”, comenta Rivas.

La terapia debe servir para ayudar a responder esas preguntas que muchas veces nos parecen imposibles, para no reaccionar desde la angustia o el miedo, sino desde la razón. La terapia ayuda también a evitar que los hijos se vuelvan moneda de cambio; es decir, que se utilicen para desahogar temores o rencores propios.

De los males, el menor

portadalibroAunque en internet se puede encontrar mucha más información sobre este tema, la especialista del Centro de Psicología Integral recomienda el libro Cómo afrontar el divorcio: guía para padres y educadores de María Sureda Camps, pues considera que es lo mejor que hay en la materia, por lo que vale la pena buscarlo en tiendas o solicitarlo en línea.

Platicar con los hijos de esta decisión tan trascendental en la vida de todos los miembros de la familia no debe ser algo a lo que le demos la vuelta. Como vemos, existen muchas opciones en las cuales apoyarnos para enfrentar el asunto y seguir siendo los mejores papás que nuestros hijos pueden tener, no importa si ya no están juntos físicamente, el lazo es para siempre.

También puedes consultar directamente al consejero académico de la escuela de tus hijos, como es el caso de la psicóloga Claudia Garnica, del Tecnológico de Monterrey, Campus Ciudad de México; o a una psicóloga especializada en terapia de parejas, como Verónica Rivas en www.psicologiaintegral.com.mx. Recuerda: no estás solo y la clave para que tus hijos atraviesen por un proceso de divorcio lo más tranquilo posible es la comunicación clara, congruente y contundente.

Navegando en las estadísticas

En los últimos años, el número de divorcios en México ha aumentado dramáticamente:

  • En 2010 se registraron 86 mil 042 divorcios, en 2009 fueron 84 mil 302 y en el 2008 la cifra rondaba los 81 mil 851.
  • La edad promedio en la que se divorcian las mujeres es de 36 años y la de los hombres de 39.
  • En 2008, los hombres al momento de divorciarse 68% estaban empleados, 15% trabajaban por su cuenta y 9% eran obreros; en cambio, 82% de las mujeres eran empleadas, 4% obreras y 11% trabajaban por su cuenta.
  • De los divorcios registrados en 2008, el 51% de las parejas estuvieron casadas 10 años o más.
  • En 1990, del total de la población, 406 mil 777 eran divorciados, en 2000 eran 687 444 y en 2012, 1,246,556.
  • En el censo de 2010, 43.9% de la población de 15 años en adelante estaba casada, 15.6% vivía en unión libre, 29.9% se manifestaron solteros y solo una de cada 10 personas (10.4%) estaba separada, divorciada o viuda.

Fuente: INEGI

Divorcios vs. matrimonios

En México ha ido en aumento el número de divorcios por cada 100 matrimonios:

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Fuente: INEGI

Al alza

De acuerdo con el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI), la tasa de divorcio en México se ha incrementado 80% en relación con los años 50. Esto es que 8 de cada 10 se divorcian en un lapso de una década.

¿Quién se queda con los niños?

divorcio7Cuando los hijos tienen menos de siete años generalmente se quedan con la mamá; de los siete a los 14 años, un juez es quien lo determina, si es que no hubiera algún acuerdo entre los papás; y de los 14 años en adelante son los adolescentes los que deciden con quién quieren vivir.

Nota: en la sentencia de divorcio, el juez correspondiente también determinará lo relativo a la custodia, guarda, derechos y deberes inherentes a la patria potestad, así como los motivos de su pérdida, suspensión, limitación o recuperación, según sea el caso.

¿Cuántos tipos de divorcio hay?

Por su origen existen dos tipos:

  1. Voluntario. Cuando se solicita de común acuerdo por los cónyuges, y se procesa administrativa o judicialmente, según las circunstancias del matrimonio.
  2. Necesario. Cuando cualquiera de los cónyuges lo reclama ante la autoridad judicial, fundado en una o más de las causales a las que se refiere el artículo 267 del Código Civil.

Por los trámites a realizar, existen otros dos:

  1. Administrativo. El que se hace ante el oficial del Registro Civil
  2. Judicial. El que se lleva acabo en los juzgados de lo familiar o mixtos.