Viaje de regreso

“Busca ayuda. Ve al sicólogo”, es lo que muchos amigos o familiares recomiendan, cuando te ven mal; pero, ¿porqué no recomendar lo mismo cuando te ven bien?

Obvio: porque si estás bien, no lo necesitas. Creo que esta creencia es un tanto equivocada, y va más en línea con la vieja idea de que a los sicólogos o siquiátras solo van los enfermos y locos, los deprimidos o los sicópatas. Nada más equivocado que esto.

ImpressionSometerse a terapia nunca es fácil: se requiere de valentía para adentrarse en los pensamientos y sentimientos más profundos de uno mismo; en especial, en aquellos que tratamos de ocultar a nosotros mismos o a los demás, pero que, por lo general, es donde se oculta nuestra esencia, nuestra personalidad inequívoca. Ese viaje a veces puede ser doloroso, y eso nunca gusta, o en el peor de los casos, asusta y preferimos evadirlo.

Este pequeño texto lo escribo desde la experiencia propia, pues en más de tres ocasiones me he lanzado a ese viaje. El primero fue cuando estaba cumpliendo la mayoría de edad, y acababa de decidir qué estudiar: una de las elecciones más difíciles, pues nos han dicho que a eso nos vamos a dedicar toda la vida. Es el primer matrimonio que muchas personas atraviesan, a veces con éxito, y otras, no tanto.

Si una decisión así ya es difícil, yo la “aderecé” con mi primera desilusión amorosa. ¡Vaya crisis! Recuerdo que fue la primera vez que acepté que no podía con ello, y necesitaba una “ayudita”. Pasé por varios sicólogos, chamanes y alineadores de chacras. No fue fácil encontrar a un profesional que me ofreciera el espacio para hacerme las preguntas correctas y buscar alguna respuesta.

gimnasiomentalSin embargo, como cualquier historia de amor, se abrió el cielo y mi camino se vio iluminado por la que desde ese entonces es mi sicoanalista de cabecera. Por supuesto, no es mi amiga, ni mi confidente, sino que prefiero llamarla mi entrenadora mental, pues alguna vez me dijo: “este espacio es como un gimnasio. Así como a veces necesitas ejercitar los músculos, aquí puedes hacer lo mismo con la sique”. Y tiene razón.

Para mí, ir al sicólogo ha significado una experiencia gratificante, pues es el mejor lugar para estudiar una de mis licenciaturas eternas: yo misma. Los que me conocen, saben que tengo una curiosidad insaciable, soy algo ñoña y me encanta experimentar para aprender, por lo que ir al “gimnasio mental” me ha hecho una persona más serena, más aguda en mi sentir y actuar, más analítica y más perspicaz. Adjetivos que me encanta que me definan.

sicologoA veces he salido con una cascada de lágrimas, otras, enojada, y unas más, con una paz interior, que difícilmente me da cualquier otra actividad. Con esto, no digo que el sicoanálisis sea para todos, pues la primera regla es que se debe tener disposición. Sé también que para algunos correr, meditar, dormir, hacer yoga o pesas, surte el mismo efecto, pero para mí no existe otra actividad y lugar mejor que el consultorio de Maribel.

Así que les platico que estoy de vuelta. Por cuarta vez en mi vida acabo de comprar un ticket para viajar a mi interior… Ya veremos que reflexiones nacen derivadas de ello. De lo que estoy segura, es que será una de las tantas cosas más que estimulen mis ganas de escribir, cosa de la cual estaré agradecida, pues acabo de estrenar este blog y, esta vez, no planeo parar pronto.