Asómate al espejo y te verás latinoamericano

Ensayo de ideas surgidas como lectora de distintos escritores y géneros dentro de la literatura latinoamericana.

Latinoamérica: una gran región, una mezcla de culturas, una identidad. Desde tiempos ancestrales hemos tratado de definir “eso” contenido desde el Río Bravo hasta la Tierra de Fuego. ¿Qué es lo que nos hace diferentes o… parecidos, quizá? La literatura como forma de manifestación de la cultura nos revela ciertas pistas.

Desde un principio, definir qué era lo nuestro y qué era lo extraño fue difícil. Porque fuimos el producto de una relación, a veces amorosa y otras no tanto, entre la madre España y el padre Indígena, pero si entender eso fue complicado, no se diga cuando nos dimos cuenta que ellos no fueron nuestros únicos padres, sino que en la concepción también intervinieron algunos africanos, portugueses, franceses y hasta ingleses, ¡ja! y dicen que la globalización es algo nuevo en nuestra era; nuevo quizá para los que todavía creen estar pintados de un solo color.

Ya lo decía Martí: “de factores tan descompuestos, jamás en menos tiempo histórico, se han creado naciones tan adelantadas y compactas”. Entonces, ¿por qué todavía en 2016 a veces seguimos negando o desconociendo nuestro origen? Somos mestizos y justamente así ha sido, es y será todo lo que de nosotros se origine, incluyendo la literatura. Es como si en vez de ser el color, fuéramos más bien la paleta de colores. Sin poder evitar parafrasear a Nicolás Guillén: el espíritu de América Latina es mestizo, y del espíritu hacia la piel nos vendrá el color definitivo; es decir, algún día se dirá: color latinoamericano. Ojalá ese día fuera hoy.

Y no se trata de levantar un latinoamericanismo inconsciente y acérrimo contra lo que no lo sea, sino de hacerle caso a Martí cuando dijo: “injértese en nuestras Repúblicas el mundo; pero el tronco ha de ser el de nuestras Repúblicas.” Porque solo reconociéndose a uno mismo se puede identificar ante los demás, responder ante sus necesidades y sobre todo hacerse responsable de sus propios problemas. Esa es la verdadera independencia. Recordemos: “conocer es resolver” (Martí, 1891).

tecuentouncuentoAsimismo, Teresa de la Parra se dedica a estudiar la influencia de las mujeres en este asunto y escribe: “cuando llega la independencia, una ráfaga de heroísmo las despierta”, y no solo a ellas, sino a grandes personajes, como Bolívar, que encuentra en lo femenino la pareja perfecta, pues para las mujeres “pasarse en secreto los libros prohibidos era un sport”. Ellas fluyeron como un río las ideas provenientes del extranjero para hacerlas suyas y darle cabeza a ese cuerpo que se puso en movimiento. Entonces, son los hijos mestizos quienes ahora se convierten en padres de las generaciones que hasta el día de hoy se siguen reproduciendo. Por eso, ante “la canción del bongo” respondemos todos los latinos porque “convoca al negro y al blanco, / que bailan al mismo son, / cueripardos y almiprietos / más de sangre que de sol” (Guillén, 1931).

Frutos de ese cóctel son los pensamientos surgidos aquí, en Latinoamérica, de forma natural sin haberlos tenido que inventar. Así le sucedió a Carpentier en su paso por Haití, donde declara que “lo maravilloso comienza a serlo de manera inequívoca cuando surge de una inesperada alteración de la realidad (el milagro), de una revelación privilegiada de la realidad, [o] de una ampliación de las escalas y categorías de la realidad percibidas con particular intensidad en virtud de una exaltación del espíritu.” El milagro, la magia, lo que para “ajenos” sería surreal, aquí se difumina con la realidad desvaneciendo los límites de lo verdadero. Eso es lo real y maravilloso de Latinoamérica. Por eso, no es de extrañarse que el “boom” literario de nuestra región se haya dado siguiendo ese camino, porque en esas historias aparecen escenarios con los que nos sentimos identificados y, que a su vez, los extranjeros no encuentran en ningún otro lugar.

collageescritoreslatinosEntonces, cuestionarnos sobre la veracidad de las narraciones sobre el general Trujillo de Vargas Llosa o de Santiago Násar de García Márquez puede ser muy comprensible; sin embargo, si fueron reales o no pasa a segundo término cuando lo importante, como lector latinoamericano, es saber que bien lo pudieron ser, porque así somos y porque si no fueron reales, conocemos personajes como Fidel Castro o el Che y lugares como Catemaco o Santiago de Cuba que ¡cómo se parecen!

Por eso, no me queda más por decir que si estas buscando una respuesta a esa pregunta tan retórica y compleja sobre ¿quiénes somos o por qué somos así? Solo toma un poema, un cuento, una novela y qué decir de los ensayos… para darte cuenta que ahí está lo latinoamericano, lo propiamente nuestro. Bien decía mi admiradísimo Martí: “ni el libro europeo, ni el libro yanqui, daban [o dan] la clave del enigma hispanoamericano”, porque ese es un privilegio orgullosa y exclusivamente de nosotros.

Para viajar ligero…

Estos son algunos de los libros que leí y me inspiraron a escribir lo anterior:

  • CARPENTIER, Alejo. Prólogo a “El reino de este mundo”, 1949.
  • DE LA PARRA, Teresa. “Influencia de las mujeres en la formación del alma americana”, 1930.
  • GARCÍA Márquez, Gabriel. Crónica de una muerte anunciada, Diana, México, 1989.
  • GUILLÉN, Nicolás. “Songoro cosongo”, 1931.
  • MARTÍ, José. “Nuestra América”, 1891.
  • VARGAS Llosa, Mario. La fiesta del chivo, Punto de lectura, México, 2000.