¿Te acuerdas de mí?

Nota introductoria

mechitaaleiEn 2002, Mercedes, mi abuela materna –en ese entonces de 80 años de edad–, había sido diagnosticada con Alzheimer cerca de 10 años atrás, y en ese año se encontraba en la segunda etapa de la enfermedad. No sobra decir lo especial que era ella para mí, pues fue la mejor cómplice durante mi infancia. Yo era su nieta más grande, y sí –aunque se pongan celosos mis primos– probablemente era su consentida.

En esa época, yo ya llevaba dos años estudiando periodismo en la universidad, y por primera vez tuve que realizar un reportaje. Lo vivido con mi abuela, durante su enfermedad, fue una experiencia que me marcó para siempre, por lo que necesitaba saber todo lo que se pudiera sobre la demencia senil y el Alzheimer. Así que ese fue el tema que elegí para cumplir con el proyecto académico.

mechitaaleiiLo de menos fue la calificación que obtuve –sinceramente, ni siquiera la recuerdo– sino los efectos que tuvo en mi familia al leerlo, sobre todo en mi madre, quien era la cuidadora primaria de mi abuela. Nuestra forma de afrontar la realidad cambió gracias a este inocente trabajo universitario, y me hizo descubrir mi verdadera vocación, en la cual me sigo desempeñando hasta el día de hoy.

Mi abuela murió en 2005, a los 83 años, no muy consiente de lo que estaba sucediendo en los minutos finales de su vida. Debido a los delirios provocados por su Alzheimer, ella se fue pensando que estaba en medio de un bautizo (claro, doctores vestidos de blanco, sus hijos y nietos cerca de ella y los flashes de las pruebas de gabinete hospitalario, le hicieron pensar que todo era una fiesta). Partió justo un año antes de graduarme, por lo que tampoco pudo apreciar a su primera nieta hecha toda una doble licenciada (por aquello de las dos carreras que me eché).

mechitaSin embargo, al día de hoy no la recuerdo con tristeza; al contrario, estoy segura de que donde quiera que está me sigue acompañando en los momentos más importantes de mi vida, como lo hizo con este reportaje que me estrenó como la periodista y diseñadora que soy hoy en día.

Es extenso para ser un texto en un blog, pero aún así lo quiero compartir, con la esperanza de que le sirva –tanto como a mí– a alguien que esté atravesando por una situación similar, con algún familiar o amigo demencial.

¿Te acuerdas de mí?

“¿Qué está pasando? No me reconozco, no reconozco la vida que llevo, ni a la gente o las cosas que me rodean. Digo o pido algo y la reacción de la gente es diferente a la que espero. ¿Están mal ellos o estoy mal yo? Todos se preocupan y me cuidan como a un niño. Yo no soy eso: no soy una planta ni una cosa. Hablan de mí como si no estuviera. Mis hijos me temen y mis nietos me ven como ‘un bicho raro’ y se ríen. Mi esposa, mi pobre niña, la veo cada vez más cansada, más acabada. ¿En qué me estoy transformado? Ya no controlo mis movimientos. Me hago del baño cuando no quiero. Todo me enoja o me hace llorar. ¿Es que nadie me entiende? ¡No soy una cosa; soy un ser humano! Aunque no pueda razonar bien y no me acuerde de las cosas, siento como los demás. Solo pido un poco de paciencia. Quiero una vida tranquila, aunque me sienta perdido en este mundo que cada vez entiendo menos y del que me alejo poco a poco. Quiero seguirme sintiendo útil, vivo. ¡No me dejen solo, por favor!”

Testimonio anónimo de un paciente con demencia senil desde sus 65 años de edad

“Mis hermanos ven la imagen de un padre siempre enfermo, ya no recuerdan cómo era… Es difícil entender algo que no ves: el Alzheimer es un conjunto de momentos y eso muchas veces desespera y confunde”

Mariana, hija de Jorge, paciente de 49 años de edad, que ya no habla y camina con dificultad

“Nos tachan de exagerados. A veces, la gente no entiende y se burla de nuestro ser querido; pero otras, uno se topa con personas buenas que realmente quieren ayudar. A mí me costó mucho trabajo entender lo que le pasaba a mi madre. Eso me aislaba y cada vez me iba dejando más sola, pues yo vivía dedicada a ella. Solía ahuyentar a todos, incluso a mi propia familia”

Juana, hija de Dolores, paciente de 85 años de edad que sufre de incontinencia y delirios frecuentes. Ambas pertenecen a una comunidad indígena en el Estado de México y hablan náhuatl

“Hay mucho desinterés en la gente y eso me hace sentir impotente, por que no sé qué hacer para que exista una conciencia sobre el problema del Alzheimer. Además, los que me rodean difícilmente me dejan desahogarme. Parece que les hablo de algo sin importancia, algo pasajero”

Yolanda, hija de Rocío, paciente de 75 años de edad, a quien se le dificulta más el habla cada vez

“A todos nos suceden olvidos, pero nosotros (los sanos) nos enojamos; en cambio, ellos (los enfermos de Alzheimer) se angustian, porque no saben por qué les ocurre con tanta frecuencia. Se sienten desorientados”

Psicóloga Ernestina Rodríguez, coordinadora del grupo de apoyo para familiares de enfermos con Alzheimer y enfermedades similares, en el hospital regional Gabriel Mancera

“Empiezan con una depresión, un olvido, un comentario sin forma. La familia lo lleva al doctor y le curan esas ‘fallitas’, pero en realidad hay algo oculto que sigue avanzando. El enfermo de Alzheimer se siente como en un tobogán (sin posibilidad de frenar) y sufre. Eso es evidente en sus ojos. Lamentablemente, lo dañado (neurológicamente hablando), dañado está, pero aún queda mucho por hacer. Lo importante es mantener el corazón abierto para poder ayudar”

Enfermera Maite González, con 17 años de experiencia en atención especializada, coordinadora del grupo de apoyo para familiares de enfermos con Alzheimer y enfermedades similares, en la Asociación de Colonos de Echegaray

Estar en un mundo donde los tiempos y los lugares, las personas y las situaciones se confunden, es el estado que experimentan quienes viven la enfermedad de Alzheimer. Esta ataca a una de cada 10 personas mayores de 60 años y al 13% de las personas mayores de 70, aunque, en algunos casos, el inicio de la enfermedad se presenta antes de los 40 años.

En México, hay más de 350 mil enfermos mayores de 60 años y una cifra imprecisa de gente entre los 40 y 50 años, quienes –sin saberlo– la padecen, justificando los síntomas como algo común al pasar los años. La mayoría de las personas afectadas por el Alzheimer son atendidas en casa, a menudo, por otros miembros de la familia, a quienes se les dice cuidadores primarios, porque a pesar de que, poco a poco, se están creando nuevos servicios de apoyo, no suceden con la rapidez necesaria para hacer frente a un problema cada vez mayor.

Una barrera en la difusión de la información sobre el Alzheimer entre la opinión pública fue su asociación a la senilidad: la idea de que la pérdida de memoria y la confusión eran, hasta cierto punto, problemas propios de la vejez. Otro obstáculo es que este padecimiento nunca ha sido considerado mortal, a pesar de que en países, como Canadá, de 10 mil a 20 mil personas mueren padeciéndola. Hasta el día de hoy, la enfermedad no se pone en el acta de defunción, solo sus síntomas. Una barrera más es el profundo temor a lo que marginalmente se le reconoce como locura, vinculada a la propia definición de este padecimiento.

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Alzheimer y otras demencias similares

nota1A los síntomas de pérdida de memoria o de capacidad para razonar presentados en adultos se les ha dado varios nombres. Esto se debe a las diferentes maneras en que se les describe en los libros de medicina. Se le llama demencia a todos los estados patológicos, como Alzheimer, infartos múltiples o demencia senil. Los médicos usan la palabra demencia para referirse específicamente a una disminución o pérdida de la capacidad mental; es decir, demencia no es sinónimo de locura.

En los adultos, la causa más frecuente de demencia irreversible es el síndrome de Alzheimer y la demencia senil. La línea que separa a estas dos enfermedades es el origen de las mismas. La demencia senil se presenta por un envejecimiento de las neuronas; en cambio, el Alzheimer se puede presentar a cualquier edad.

En ambas enfermedades, la deficiencia intelectual va aumentado gradualmente, desde fallas de la memoria hasta la incapacidad total de las funciones elementales del organismo. Las alteraciones estructurales del cerebro se aprecian a simple vista en las autopsias de estos pacientes. No se conoce la causa específica de este mal y los médicos, por ahora, no tienen manera de detenerla o curarla. Sin embargo, es mucho lo que se puede hacer por el bienestar del paciente y para que la familia tenga un sentido de control de la situación.

A la demencia senil también se le conoce como demencia por infartos múltiples, porque, en ocasiones, ocurre a causa de una serie de enfermedades cardiovasculares, como la hipertensión, tan común en las personas adultas. A veces estos infartos son tan leves que ni el enfermo ni los familiares aprecian cambio alguno; sin embargo, en conjunto, estas lesiones son capaces de destruir suficientes porciones de tejido cerebral y afectar la memoria y otras funciones intelectuales. A dicho estado patológico antes se le llamaba endurecimiento de las arterias, pero los estudios en autopsias han demostrado que es el daño causado por las lesiones vasculares y no una circulación deficiente, el origen del padecimiento. En algunos casos, el tratamiento correcto puede llegar a reducir la posibilidad de mayores daños cerebrales.

Las personas que sufren una enfermedad demencial pueden ser vulnerables a otros problemas de salud. Tales padecimientos, al igual que las reacciones adversas a los medicamentos, suelen causar delirio a las personas con una demencia. El delirio se entiende como un grupo de síntomas en los que la persona se encuentra menos alerta de lo normal, y puede pasar de la somnolencia a la excitación. Al igual que una persona demente, el paciente que sufre de delirio está confusa, desorientada y desmemoriada. El delirio puede tener como causa diversas enfermedades: pulmonía, infección renal o desnutrición.

nota2Una forma de distinguir a las personas enfermas de Alzheimer de las personas delirantes –o mal llamadas locas– es que las primeras nunca pierden su sensibilidad a las emociones, aun cuando ya no puedan expresarlas.

El delirio puede empeorar el comportamiento y las funciones mentales del enfermo, por lo que detectar y tratar cuanto antes otros padecimientos agregados resulta vital para su estado de salud general y para facilitar su atención. Esto solo puede lograrse cuando el médico encargado dedica tiempo suficiente tanto a su paciente como a la persona que lo tiene a su cuidado.

La depresión es común entre la gente mayor y puede causar pérdida de memoria, confusión y otros cambios en la función mental. Sin embargo, la demencia también causa estados de depresión, por lo que ambos síntomas se alimentan el uno al otro y es primordial tratarlos.

Las enfermedades demenciales no tienen barreras sociales ni raciales. Entre sus víctimas hay ricos, pobres, sabios e ignorantes, por lo que no hay razón para avergonzarse si un miembro de la familia padece alguna de ellas.

También cabe aclarar que la pérdida severa de memoria nunca es parte normal del envejecimiento. De acuerdo con últimos estudios, el 5% de los viejos presenta un daño intelectual evidente y otro tanto sufre trastornos menos severos. Estos padecimientos prevalecen entre los que llegan a la octava y novena décadas, aunque cerca de un 80% de los que alcanzan edades avanzadas nunca experimentan pérdida significativa de la memoria ni otros síntomas de demencia. Con el paso de los años, nos vamos tornando algo desmemoriados, pero generalmente no al grado de que esto interfiera con nuestra vida diaria.

A medida que más gente alcanza la longevidad, más crucial se vuelve aumentar los conocimientos acerca de la demencia. En Estados Unidos, por ejemplo, se ha estimado que de dos a cuatro millones de personas sufren algún grado de deterioro intelectual.

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¿Cómo enfrentar la enfermedad?

nota3El diagnóstico temprano es importante pues ayuda a estar informado y a conocer cuáles serán las expectativas de vida del enfermo. Sin embargo, no basta con un simple examen. Es necesario que un especialista (geriatra o neurólogo) haga una historia clínica y de vida detallada con la ayuda de la familia; además, se deben realizar diversos estudios de neuroimagen y de laboratorio para excluir otras enfermedades con los mismos síntomas. Incluso, las pruebas neuropsicológicas son también un valioso recurso.

La única prueba meramente física para comprobar la enfermedad de Alzheimer es un estudio postmortem del cerebro, como sucede con la Encefalopatía Traumática Crónica, recientemente descubierta en algunos jugadores de futbol americano. Aunque esa es una opción inviable y poco aporta a la solución del problema.

nota4Desgraciadamente, el tipo de apoyo requerido para realizar el diagnóstico no siempre se encuentra en todas partes. Existen algunas clínicas del Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS) con personal y doctores negligentes, que entorpecen el procedimiento y demeritan la importancia de los estudios por considerarla una enfermedad incurable. Incluso, llegan a ignorar la gravedad de los síntomas del paciente y simplemente le recetan somníferos o tranquilizantes, medicamentos que no en todos los casos resultan positivos.

Entonces, lo recomendable es buscar la ayuda adecuada, sin importar cuánto se tarde uno en encontrarla. A veces, basta con solicitar un cambio de doctor, aunque sea dentro de la misma institución, para solucionar el problema.

diagnosticoSolo en algunos casos, cuando los síntomas son verdaderamente evidentes, es posible saltarse algunos estudios en aras de orientar mejor el gasto a medicamentos y servicios para mejorar la calidad de vida del paciente. Lo anterior aplica sobretodo para aquellos en fases avanzadas de demencia.

Este tipo de enfermedades son muy caras y desgastantes, por lo que se tiene que ser lo más racional posible al momento de administrar el presupuesto. No olvidemos que lo más importante es la calidad de vida, más allá de la prolongación artificial de la misma. Por ello, algunos especialistas recomiendan ya no invertir tanto en medicamentos a partir de la tercera etapa de la enfermedad de Alzheimer, y mejor destinar el dinero a servicios que mejoren la vida del paciente, como tanques de oxígeno, camas especiales o enfermeras especializadas.

Alzheimer, un padecimiento compartido

Uno de los grandes problemas vinculados al Alzheimer, es el impacto que tiene dentro de la familia. La mayor carga la lleva el cuidador: el esposo, la hija, un sobrino o, en el mejor de los casos, alguien contratado específicamente para ese fin. El estrés personal y emocional de atender a una persona con demencia es enorme y se debe planear el manejo del padecimiento en el futuro. Algunas de las emociones experimentadas pueden ser pena, culpa, enojo, vergüenza, soledad, impotencia y desesperanza, entre otras. Comprender cada una ayuda a enfrentar mejor la situación.

  • Pena. Es la respuesta natural ante una pérdida. Por causa del Alzheimer, uno puede sentir que ha perdido a un compañero, a un amigo o uno de los padres. Es normal lamentarse porque la persona enferma ya no es la misma con la que siempre se convivió. Además, al ser un padecimiento degenerativo, justo cuando uno se ha terminado de adaptar a la nueva realidad, la situación del enfermo cambia de nuevo. Puede ser devastador cuando el paciente ya no reconoce a sus allegados. Muchos cuidadores han encontrado que la integración a grupos de autoayuda es la mejor manera de continuar.
  • Culpa. Es común sentirse culpable por manifestar incomodidad debido al comportamiento de la persona enferma, por enojarse con ella o por sentir que ya no puede continuar y está pensado en el internamiento. Es útil hablar sobre los sentimientos propios con otros cuidadores y amigos.
  • primerassenalesEnojo. La ira puede estar combinada: dirigida al enfermo, a uno mismo, al médico o a la situación, dependiendo de las circunstancias. A veces el cuidador se siente tan enojado y agotado, que puede llegar a tener deseos de lastimar al paciente. Cuando es el caso, se debe buscar ayuda profesional de inmediato. Tener a cargo varias responsabilidades –pagar las cuentas médicas, cuidar la casa del enfermo, cocinarle, convivir con él– llega a ser excesivamente estresante. Por eso, también ayuda platicarlo con otros miembros de la familia para pedir apoyo y repartir responsabilidades.
  • Vergüenza. Con frecuencia se siente vergüenza cuando el enfermo tiene un comportamiento inapropiado. Esa incomodidad puede desaparecer cuando se comparten las experiencias con otros cuidadores que están pasando por las mismas situaciones. También ayuda dar explicaciones sobre la enfermedad a los amigos y vecinos para que puedan comprender mejor las reacciones del paciente.
  • Soledad. Muchos cuidadores se apartan de sus círculos sociales y se limitan a estar con el enfermo, debido a las exigencias que eso implica. Sin embargo, la soledad no ayuda a sobrellevar los problemas. Lo mejor es mantener las amistades y los contactos sociales, para distraerse con ellos y no pensar solo en el enfermo.

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Actualmente, en el IMSS se cuenta con un modelo de atención domiciliaria integral, donde 7% de los pacientes que ingresan padecen de demencia en etapa avanzada. Esta alternativa de atención puede ayudar al cuidado del paciente y, al mismo tiempo, ser un apoyo para la familia. Sobre todo si tomamos en cuenta que en México no son suficientes las instituciones asilares, pues aun cuando no es deseable la institucionalización del paciente, en ocasiones, se hace necesaria dada la dificultad de la familia para atenderlos.

En el país, la familia sigue siendo la red de apoyo más común para el cuidado de los ancianos. El mayor porcentaje de los cuidadores está conformado por los hijos, con un claro predominio de mujeres, aunque ya también los hombres empiezan a participar activamente, debido a que sigue siendo escaso y costoso el servicio de cuidadores profesionales.

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Cuando se plantea un modelo de atención como el del IMSS, se está pensando también en las necesidades de la familia del enfermo, entre las que sobresale la del descanso. Por lo que a la atención domiciliara deberán agregarse periodos de descanso, por ejemplo, con la creación de Unidades de Respiro (incluso, a nivel hospitalario, con una o dos camas). Así mismo, el establecimiento de Centros de Día para pacientes con demencia pueden ser habilitados por el sector salud, uniendo esfuerzos: una institución puede aportar el local, otra los recursos humanos, una más los insumos, etcétera. Siempre hay que tener presente que ninguna modalidad de atención será fructífera si no se brinda de forma integral.

nota7Entre la población de edad avanzada, el Alzheimer y demencias similares se han convertido en el tercer problema de salud en los países desarrollados, superado únicamente por las enfermedades cardiovasculares y el cáncer.

Actualmente, la aparición de la demencia es aproximadamente diez veces superior a la detectada en el siglo pasado, y se espera que el número de personas con demencia grave se duplique en los próximos 10 años. Este incremento se debe al margen de envejecimiento de la población; ya que la edad promedio de mortandad anda en los 80 años aproximadamente, por lo que si ahora hay más de 350 mil personas que padecen algún tipo de demencia en México, para el año 2025 este número podría rebasar el millón.

En México, el 80% de los pacientes con Alzheimer son tratados en sus hogares, lo que demuestra la importancia de apoyar a la familia y orientarla en cuestiones relativas al cuidado de los enfermos. La dimensión del problema impone a los familiares, sobre todo aquellos responsables del cuidado diario, la necesidad de soporte psicosocial, sociosanitario y socioeconómico para aliviar la carga que la enfermedad ocasiona.

Como respuesta a este requerimiento, en 1986, un pequeño grupo de familiares y profesionales de la salud se reunieron con la inquietud de hacer algo para ayudar a sus enfermos, formándose el primer grupo de apoyo en la ciudad de México. Los problemas y las necesidades que encontraron fueron tantos que, en 1988, deciden constituirse legalmente como la Asociación Mexicana de Alzheimer y Enfermedades Similares (AMAES). Sus principales objetivos son los siguientes:

  1. abuelitosPromover el bienestar psicológico y social de los enfermos y de sus familias.
  2. Difundir conocimiento actualizado acerca del Alzheimer y sus implicaciones sociales, a profesionales de la salud, cuidadores –sean familiares o no–, y a la sociedad en general.
  3. Organizar una red de grupos de apoyo en todo el país para familiares de enfermos.
  4. Crear servicios de soporte, como líneas de ayuda telefónica y un directorio de cuidadores especializados, que puedan prestar servicio a través de un sistema subsidiado, para hacerlo accesible a cualquier persona.
  5. Promover la elaboración de estudios sociales que permitan precisar la magnitud del problema.
  6. Difundir en México, mediante seminarios, conferencias y cursos, todos los aspectos y avances relacionados con la enfermedad; así como asistir a estos en cualquier parte del mundo donde se organicen.

Durante los últimos años, esta institución ha atendido a más de dos mil familias en todo el país, de todos los estratos sociales. El tipo de ayuda en cada caso depende de la situación económica de la familia. Cuando esta cuenta con los recursos, el apoyo que se les brinda tiene más que ver con información sobre la enfermedad, contratación de cuidadores, capacitación y asistencia a grupos de apoyo.

logofundacionDesafortunadamente, en una gran cantidad de casos no se cuenta con las posibilidades para pagar a un cuidador profesional, por lo que su acercamiento a la Asociación tiene más que ver con la búsqueda de centros de cuidado diurno de bajo costo. Este servicio es prestado actualmente por la Fundación Alzheimer, pionera en el país y a la cual se transfieren a las familias que acuden a la asociación solicitando esa atención. Sin embargo, la AMAES desea crear un mecanismo de ayuda para contribuir al pago de ese cuidado, cuando no sea posible para la familia pagarlo.

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escher-manoconesferareflectanteLa AMAES promueve activamente la formación de Centros de Día o similares, que puedan ser instalados con el apoyo y asesoría de la Fundación. Cabe mencionar que la AMAES es una Institución de Asistencia Privada, por lo que no tiene fines de lucro y está autorizada por la Secretaría de Hacienda y Crédito Público para otorgar recibos deducibles de impuestos a todos los donantes interesados.

Retos pendientes

Las familias extendidas son cada vez menos frecuentes, por lo que las redes de apoyo son más débiles. Situación que complica aún más el cuidado del paciente con demencia.

nota8Por otra parte, las estructuras asilares son costosas e insuficientes, lo que hace necesario favorecer la atención domiciliaria integral, apoyada por Centros de Día (para pacientes en etapas iniciales) o Unidades de Respiro que brinden apoyo integral a la familia, evitando así el maltrato al enfermo y al mismo cuidador.

Es evidente que deben seguirse diseñando cursos de capacitación para cuidadores de pacientes con demencia, puesto que estos son escasos en nuestro país, y provoca que la oferta a domicilio sea baja.

No obstante el esfuerzo de la asistencia privada, es necesario que el sector de salud pública tome conciencia del grave problema que representa la demencia, así como del amplio costo socioeconómico que significa para la sociedad mexicana.

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Si se deseas más información sobre el tema, se pueden consultar las siguientes fuentes:

Libros

  • alzheimerManual de atención: La enfermedad de Alzheimer, México: Gobierno del Distrito Federal, 2000.
  • Manual de grupos de autoayuda, México: Gobierno del Distrito Federal, 1999.
  • LANDERRECHE, Gabriela. Todavía queda mucho por compartir, México: Jus, 1994.
  • MACE, Nancy / RABINS, Peter. Cuando el día tiene 36 horas, 2° edición, México: Pax, 1997.
  • WOODS, Robert. La enfermedad de Alzheimer, 2° edición, México: Jus, 1994.
  • POWELL, Leonore / COURTICE, Katie. Enfermedad de Alzheimer: una guía para la familia, México: Pax, 1997.
  • SING, Khalsa. Rejuvenece tu cerebro, España: Urano, 1998.

Revistas

  • Alzheimer, Asociación Mexicana de Alzheimer y Enfermedades similares / Alzheimer’s Disease International, Boletín (otoño 2000), Vol. 1, Núm. 3.
  • Alzheimer, Asociación Mexicana de Alzheimer y Enfermedades similares / Alzheimer’s Disease International, Boletín (primavera 2001), Vol. 2, Núm. 1.
  • Alzheimer, Asociación Mexicana de Alzheimer y Enfermedades similares / Alzheimer’s Disease International, Boletín (invierno 2001), Vol. 2, Núm. 2.
  • Conadic informa: Alzheimer, Secretaría de Salud / Consejo Nacional contra las Adicciones, Boletín especial (septiembre 2001).

Sitos web

Asociaciones y grupos de apoyo

  • Fundación Alzheimer | T. 01 800 711 4410
  • Enfermeras Particulares “Florencia Nightingale” | Ayuntamiento 14-6, Centro, Ciudad de México | T. (55) 5510 4899 | sitio web
  • Paz Mental | Ámsterdam 219A-301, Hipódromo Condesa, Ciudad de México | T. (55) 4170 3934 | pazmental.mx
  • Asociación Mexicana de Alzheimer y Enfermedades Similares | T. (55) 5523 1526 | amaes88@yahoo.com.mx
  • Instituto Nacional de las Personas Adultas Mayores | T. 01 800 007 3705
  • Instituto Nacional de Neurología y Neurocirugía | Insurgentes Sur 3877, Ciudad de México | T. (55) 5606 3822)
  • redesapoyoServicios de Salud Mental | T. 5595 8673 o 5595 6909
  • Grupo de Apoyo de la Asociación de Colonos de Echegaray: 3° Martes de cada mes (18:30 horas). Hacienda de Temixco 12, Bosques de Echegaray, Naucalpan, Estado de México. Coordinadora: Maite González Cosío.
  • Grupo de Apoyo en el Hospital Regional Gabriel Mancera: 1° Miércoles de cada mes(18:00 horas). Gabriel Mancera 222, Del Valle, Ciudad de México .Coordinadora: Ernestina Rodríguez.

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