¿Y tú, para cuándo?

Soltero: primero, adjetivo para indicar a aquel que no está casado; segundo, adjetivo para referirse a algo (o alguien) que está suelto o libre. Ojalá fuera así de sencillo explicarle a los demás el estado civil que hemos elegido, con simplemente agarrar el diccionario y leerles a nuestros cercanos la definición –que, por cierto, si me lo preguntan, prefiero la segunda que la primera. Lamentablemente, definir algo en la vida nunca resulta fácil y aunque, en muchas ocasiones, nosotros lo tenemos perfectamente claro, para los demás ser soltero por elección propia resulta algo inconcebible.

Por todos lados nos invaden con preguntas o premisas que constantemente debemos responder –o al menos eso esperan de nosotros. Cumplir con las expectativas de los demás se vuelve una misión imposible y los prejuicios se ponen a la orden del día. Pero no nos agobiemos, justamente estar seguros de lo que deseamos para nosotros mismos es lo que nos dará las armas para responder a esas situaciones incómodas y salir bien librados de ellas.

Dicen que las conversaciones inteligentes son como los partidos de tenis: uno lanza una bola y si la respuesta del otro es aguda, nos obligará a pensar y mejorar nuestro próximo saque. Así que a partir de este momento imaginemos situaciones en las que podríamos vernos inmersos y veamos cómo podemos salir bien librados de ellas.

Situación 1. Te invitaron a una reunión familiar o entre amigos y de pronto la conversación gira entorno al matrimonio, los hijos, y cuando menos lo esperas esa tía de antaño o ese amigo irreverente sale con la típica pregunta inquisitiva: “¿Y tú, para cuándo?”

img_0688Antes de caer en pánico, antes de que los colores se te suban a la cabeza y sobre todo antes de contestarle: “¿y a ti, qué te importa?”, lo mejor es hacer una pausa, hacerse el ingenuo y decirle con el tono más dulce y amable: “¿a qué viene la pregunta?”. Esto te permite dos cosas: por un lado, pones en evidencia que la pregunta está fuera de lugar, pues se trata de tu intimidad y, si es una persona sensible, comprenderá que no obtendrá una respuesta; por el contrario, si la persona insiste en saber, contestar con otra pregunta te permitirá saber qué trae el otro en la cabeza y cómo puedes responderle sin terminar discutiendo. Cuando tú estás seguro de lo que quieres, sencillamente, la respuesta será: “mi momento no ha llegado, porque ni siquiera lo estoy buscando; es decir, mi momento es ahora con ustedes y estoy muy agusto”.

Situación 2. Estás con tus padres, hermanos o con ese amigo que te conoce de toda la vida. De pronto se te quedan viendo, te dicen que quieren hablar contigo, y que no te sientas mal por ser sincero: ¿Acaso eres gay?

memesoltero1Lo mejor en estos casos es soltar una carcajada para liberar la tensión (lo seas o no), pues esta vaya que es una pregunta delicada, absolutamente íntima y que solo merece una respuesta si la otra persona realmente amerita que se la demos. Porque si lo eres, qué maravilloso que se abra esa oportunidad de diálogo, y si no, también, para que se aclaren esas “telarañas” que a veces los prejuicios tejen en la mente de las personas. No hay nada más absurdo que pensar que tienes una preferencia sexual particular, solo porque has decidido ser legalmente soltero. Así que ese dicho de que “hay que ‘jotear’ cinco minutos para que a los 40 años no se nos acumule”, no es más que eso: un dicho, y de lo más absurdo y divertido.

Situación 3. Eres legalmente soltero, pero tienes una relación libre con alguien; sin embargo, ese alguien empieza a cambiar de parecer y un día tiernamente te dice: “¿Y si encargamos?”

Tú en ese momento piensas: “claro, una pizza”, pero en realidad la otra persona no se refería precisamente a eso, sino a algo que más bien los uniera para siempre, algo así como un bebé. Esto es un poco más delicado, porque hablamos de los deseos y aspiraciones del otro, pero es la mejor señal de que algo cambió y es momento de hacer una pausa y sentarse a platicar. Si tú tienes claro que lo que has decidido es ser soltero toda tu vida, no hay razones para sucumbir, si hasta el momento no las encuentras o no te hace sentido. Tomar una decisión así por complacer al otro es uno de los peores errores –y de los más graves– que podemos cometer. Si el acuerdo siempre fue ese y no tienes ganas de modificarlo, lo mejor es abrazar a esa persona, decirle que no compartes ese deseo y dejarlo ir. Sé que suena mucho más fácil de lo que es en realidad, pero a la larga con seguridad será lo mejor. ¿Para qué tratar de forzar un molde que a lo mejor ya no le queda a los dos?

Situación 4. Estás platicándole a alguien una anécdota de la noche de fiesta del día anterior. De pronto te mira, no comparte tu alegría y ligereza, y te suelta una de las “clásicas de la abuela”: ¿Hasta cuándo vas a sentar cabeza? ¿Hasta cuando vas a madurar?

img_0341Pues la cabeza ya la tienes muy sentada y perfectamente acomodada, más bien el problema es que elegiste un camino diferente, que en ocasiones, además, es poco transitado: el de la soltería. Pero finalmente eres consciente de lo que eres, de lo que haces y de lo que aspiras a convertirte. Entonces, ¿qué más madurez que esa? Que la de poder tomar tus propias decisiones y defenderlas asumiendo toda la responsabilidad que ellas implican, y todavía mejor: con alegría y paz interior. Justamente así es como uno debe responder estas preguntas tan trilladas. Es más, casi puedo asegurar que cuando uno emana esa tranquilidad y ganas de vivir y disfrutar, esas preguntas ni siquiera pasan por la mente de las personas que nos rodean. Quizá, en muchas ocasiones, somos nosotros mismos los que las propiciamos, porque no nos damos cuenta de las señales equivocadas que emitimos a las personas, o sencillamente porque aún no confiamos en nuestra propia capacidad para sentirnos acompañados con nosotros mismos. La gente muchas veces emite juicios sin conocimiento de causa; lo hacen solo por lo que ven o escuchan. Entonces, es importante ser congruentes entre nuestro hacer, pensar y sentir. Esa será nuestra mejor defensa.

Situación 5. Tu mamá no se resigna y cada vez que sale a flote el tema te pregunta: ¿Porqué no te quieres casar? ¿Acaso es tanto el temor que le tienes al compromiso?

¿Cuántas veces no lo he escuchado?… El problema principal al asumirte como soltero es cómo esa decisión contrasta seguramente con las expectativas de nuestros padres. Finalmente, el sueño de muchos es verte convertido en un hombre o mujer “hecho y derecho” con un esposo o esposa e hijos, pero aquí lo importante no es cumplir con la expectativa de ellos o de alguien más, sino con la tuya, con ese compromiso que has asumido contigo mismo de no mentirte y defender tu derecho a hacer de tu vida amorosa lo que te venga en gana. Eso no es un temor al compromiso, porque finalmente los compromisos ahí están. Cada que decides salir con alguien surge el compromiso de pasarla bien, de respetar a esa persona, de ser honesto… Entonces, la respuesta en apariencia es sencilla: “no le temo al compromiso, sencillamente estoy cumpliendo con el que hice conmigo mismo”.

img_0751Situación 6. Se casa tu hermano menor y nunca falta el impertinente que te diga: “¡Cuidado, eh! Hermano saltado, hermano quedado”.

Este comentario es mejor tomarlo como lo que es: una rima ingeniosa que no tiene que ver con la realidad. Tu hermano y tú son dos mundos aparte, diferentes e igual de fascinantes. ¿Porqué pensar que te saltó? Si nos vamos a poner a hacer competencias de quién hace primero qué, la lista puede ser bastante larga y en más de algún objetivo, tú serás el vencedor. El mejor parámetro de comparación eres tú mismo. Si soltero has sido feliz y lo sigues siendo, ¿dónde está el ganador?, ¿quién realmente se adelantó a quién? La respuesta ya la tienes, mejor sonríe.

Situación 7. Estás hablando con tus tías o con algunos colegas de oficina sobre tu decisión de ser soltero, de las ventajas y desventajas, cuando alguien irrumpe diciéndote: “Si sigues pensando así te quedarás para vestir santos”.

Pues si es un buen negocio y te gusta el diseño de modas, ¿por qué no? Esta situación es muy similar a la anterior, porque nuevamente tiene que ver con un tema de expectativas: lo que “la sociedad” espera de ti. Pero, ¿quién dispuso que tenía que ser así? Es decir, ¿quién es esa señora llamada “sociedad”? Porque hoy te pide que te cases, pero al rato también te pedirá que tengas un hijo, y si cumples al pie de la letra después te pedirá que tengas más, y no solo eso, sino que cumplas con tu papel de “buen esposo o buena esposa” (lo que quiera que eso signifique), y si lo haces, alguna otra demanda se le ocurrirá. Te lo aseguro, nunca está satisfecha. Entonces, volvamos al punto de partida: ¿qué es lo que quieres tú? Esa será la única expectativa que cumplir y que el mundo siga girando. No “te quedarás para vestir santos”, porque tu vida no gira solo entorno a tener o no una pareja. La vida está llena de muchas cosas más y hay mucho por caminar. Así que sólo “te quedarás” si decides frenar tu destino por cumplir con las demandas de algo llamado “sociedad”, que bien a bien, ni siquiera sabemos quién es o cuáles son sus intenciones. Ahí tienes la respuesta.

Situación 8. Estás en la celebración de una boda y decidiste disfrutar del evento solo. Te sientan con otras parejas y escuchas que están criticando al soltero de la otra mesa: “Seguramente no se casó porque se siente acomplejado”, “no me puedo imaginar lo inseguro e incómodo que se debe de sentir”.

img_0685Este es uno de los prejuicios más comunes: pensar que el que no se casa es porque algo tiene mal. No sé porqué para algunos sea tan difícil concebirse en singular, pero no cabe duda que de malo no tiene nada, a menos que de verdad así nos lo creamos. Ser soltero es una decisión como cualquier otra, y los problemas que uno pueda tener de personalidad o carácter, se pueden tener con uno mismo o con alguien más. Eso no hace la diferencia. Lo que sí la hace es decidir cómo y con quién queremos estar, con nuestros vicios y talentos, con nuestros problemas y nuestras satisfacciones. El que es soltero no es más inseguro o infeliz que el que decidió casarse. Sencillamente viven de manera distinta. Lo mejor a lo que podemos aspirar es a vivir acompañados, y muchas veces podemos sentirnos acompañados por nosotros mismos o por alguien más: esa es la decisión que tomamos cada uno y tiene mucho que ver con qué tan seguros nos sentimos de nosotros mismos y qué tan claro tenemos lo que queremos. La tarea es grande, pero es la misma para quienes están casados que para quienes no lo están.

Por cierto, si estando soltero te invitan a una boda, pero solo te mandan un boleto debido a tu condición, es válido que lo tomes como una descortesía. Finalmente, el que seas legalmente soltero, no quiere decir que no tengas pareja o que no compartas momentos de celebración con algún amigo o acompañante, más aún cuando no conoces a muchos de los invitados. Por lo que siéntete en la libertad de pedir otro boleto o simplemente declinar la invitación. Aunque también se vale que te pongas tu mejor traje y dispongas a pasar una noche muy agradable contigo mismo y con quien te rodee esa velada.

Situación 9. Te quedaste de ver con unos amigos o parientes. Cada uno de ellos lleva a su pareja y, como saben que estás soltero, no se casan de presentarte posibles candidatos a príncipe o princesa… ¿Adivina a quién te traje?

img_0659De los seres que nos rodean, nosotros podemos elegir a nuestros favoritos, y a esos los llamamos seres queridos. Generalmente, estas personas que elegimos buscarán nuestro bienestar y justo, por esa razón, es que muchos de ellos se escudan para volverse “celestinos” en busca de causas perdidas: tú. No se cansan de presentarte personas y muchas veces esas experiencias nos sirven más para saber cómo nos ven los demás, que para conseguir pareja. Lo mejor es hablar con nuestros seres queridos y pedirles que esa tarea nos la dejen a nosotros, pues somos los que mejor sabemos lo que queremos y lo que estamos buscando; y si de plano no lo entienden e insisten en sus “presentaciones”, quizá sea momento de reflexionar qué tan “queridos” son esos seres. Siempre será mejor estar con quienes nos entienden y nos aceptan como hemos elegido estar, que con personas que constantemente nos quieren cambiar o hacernos a su modo.

Situación 10. Estás con tu mejor amigo –o uno de tus hermanos–, platicando acerca de las relaciones en pareja, y de pronto te dicen: “tu problema es que todavía no superas a zutanito o fulanita, así nunca podrás conocer a alguien más”.

¿En serio? Pero si ya tiene más de ocho años que terminaste con esa relación. Es más, ya hasta has tenido otras. A menos que verdaderamente tengas algún asunto guardado sin quererlo reconocer, esa afirmación no tiene fundamento. Es tan prehistórica como el hombre de las cavernas poniéndole nombre a un Dios, porque ha caído un rayo y no lo entiende. Si estás soltero es quizá porque –gracias a las relaciones que has tenido– te has ido conociendo y descubriste que el matrimonio no es lo que deseas para ti. Eso no se debe a ningún trauma, sino solo se trata de una elección libre y bien pensada que tomaste. Es más, tal vez los que tienen algunos asuntos pendientes con el psicoanalista son los otros que todavía no logran descubrirse a sí mismos… A quien le quede el saco, que se lo ponga.

Situación 11. Estás en tu oficina y decides quedarte hasta tarde para terminar esa presentación importante que darás mañana frente a un cliente, y no falta quien reclame, porque “claro, tu estás soltero y no tienes vida, pero no es el caso de los demás”.

Esta idea de soltero igual a amargado, solo, antisocial, reprimido, es completamente errónea. No es lo mismo ser que estar. Lo primero es una definición de nosotros mismos y la segunda es una condición. Entonces, piensa: “sí, estoy soltero, pero no soy una persona amargada, ni sola, ni antisocial, ni reprimida. Al contrario, precisamente porque elijo con quién estar y cómo pasar mi tiempo, prefiero por el día de hoy esforzarme un poco más, para que mi trabajo salga impecable al día siguiente, sin que eso signifique que trabajar hasta tarde sea parte de mi rutina o que me esté escondiendo detrás de un escritorio para no salir a divertirme o descansar”. En muchas ocasiones, los prejuicios sociales sirven para esconder las carencias de las personas y es más fácil lanzar un comentario incómodo que enfrentar la vida como es. Así que esta situación se resuelve con solo dejar que los resultados hablen por sí solos.

Situación 12. Me encontraba haciendo un balance de lo bueno y malo de las relaciones amorosas en una conversación con mi madre. Una tía nos escuchaba y cuando terminamos de platicar, se me acercó y discretamente me dijo: “Te voy a llevar con una curandera para que nos diga cuál es tu problema. Total, que te lea la mano para saber si te quedarás soltera o no, y así nos quitamos la duda”.

Les comparto esta experiencia personal, porque ha sido la más absurda que me ha sucedido, pero sin duda alguna también la más original. Ser soltero para muchos está cargado de una connotación negativa: “algo malo tienes”, dicen muchos. En realidad, es un pensamiento aprendido y construido en el tiempo, casi como cuando se pensaba que la Tierra era el centro del universo. El pensamiento humano avanza y lo que le enseñaron a nuestros abuelos, no necesariamente era el único conocimiento que existía, ni mucho menos las únicas experiencias sociales que estaríamos condenados a repetir. Muchas veces es el tiempo el que hace su trabajo y nos permite ir descubriendo nuevas formas de vivir y mejorar nuestro entorno.

En efecto, decidir ser soltero tiene muchos retos, pero son solo eso: retos, no defectos. De la misma forma que los tienen los que deciden casarse, vivir en unión libre, divorciarse, ser padres solteros… No necesitamos que nos lean la mano para saber si encontraremos el príncipe azul o la dulce princesa de los cuentos con los que nos educaron, porque no son más que eso: cuentos. Antes que pensar con quién y cómo estar, primero hay que hacer un viaje a nuestro interior, conocernos y reconocernos las veces que sean necesarias, para solo así decidir en qué condición queremos transitar. Eso es lo que le expliqué a aquella tía, después de agradecerle su generosa intención de adivinarme el futuro.

dsc05922Estar soltero no es sólo una definición de diccionario y queda una ardua tarea para tratar de explicarle a los demás porqué elegimos esa condición. Las situaciones incómodas a las que nos enfrentaremos serán muchas más que solo las enlistadas aquí, pero también cada una será la oportunidad perfecta para reafirmar nuestra decisión y para repensar cómo vivir mejor. Somos los solteros los responsables de desarrollar un nuevo concepto del término, para abrirnos más espacios sociales. Recuerda: entre más difícil sea el diálogo más nos retará a estar seguros de lo que decimos y pensamos, para que –al final de la partida de tenis– seamos nosotros los que marquemos el match point.

¿Qué tan soltero es México?

  • 40% de la población entre 30 y 50 años no está casada.
  • La mayoría de las personas se casa por primera vez entre los 30 y 39 años de edad.
  • La cantidad de hombres y mujeres no casados es casi la misma.
  • Existen 8 millones de personas no casadas entre 30 y 50 años de edad.

Fuente: INEGI, Censo 2010.